Lágrimas injustas

Si Dios es justo, ¿como puede ser que castigue a los hijos por los errores de los padres? ¿Cómo puede ser que, generación tras generación, tengamos que sufrir en Tishá beAv, por el error cometido por la generación del desierto, hace mas de tres milenios?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

En el segundo año de la salida del pueblo de Israel de Egipto, llegaron a los límites de la Tierra Prometida. Estando al borde de culminar su épica travesía y contando con la garantía de éxito que Di-s mismo les había dado, le piden igualmente a Moshe mandar hombres a espiar la Tierra.
Formaron un grupo de doce líderes y les encomendaron la misión. Luego de 40 días, en día nueve del mes de Av, traen un desalentador reporte y el pueblo se desmorona; se quiebran en llanto y desesperanza.
Como esa generación lloró sin motivo; Di-s decreta que en ese día, a lo largo de la historia, le dará al pueblo judío motivos para llorar (Taanit 29a).

Sabemos que Di-s es justo y bueno. Entonces: ¿Cómo puede ser que castigue a los hijos por los errores de los padres? ¿Cómo puede ser que, generación tras generación, tengamos que sufrir en este día, por el error cometido por la generación del desierto, hace mas de tres milenios?

Existe en Japón una costumbre que está muy “de moda”. Consiste en contratar a un doble para que cumpla por uno una condena penal. Esto es una clara evasión de la justicia. No es el responsable, el que es castigado por su accionar sino un inocente. Una gran injusticia. Algo posible entre seres humanos pero que no debería ser viable en lo que a Di-s respecta.
Entonces: ¿cómo se entiende?

El Talmud (Sanhedrin 27b) formula esta pregunta y desarrolla su respuesta. Nadie es castigado por las transgresiones de otro. Lo que sí puede ocurrir, es que, sólo si los hijos reinciden en los errores de sus padres, son castigados por sus errores y por los de sus antecesores (ya que no les sirvieron como ejemplo para aprender la lección).

Toda generación en la que el Beit Hamikdash no es reconstruido, es porque continúan las acciones que llevaron a su destrucción (Iomá 9b).
Es así que el duelo y los sufrimientos que seguimos padeciendo, se debe a nuestras propias faltas.

Quiera Di-s que podamos realizar la reflexión adecuada, corregir nuestras conductas y pronto no necesitar más de las costumbres de duelo y que el nueve de Av se convierta en un día festivo.

Escala de Valores

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Llegando al final de la travesía de los cuarenta años por el desierto, estando acampados los iehudim en la margen oriental del Iardén (Jordán), nos relata la Torá un pedido muy particular (Bamidbar, Capítulo 32).

Las tribus de Reuvén y Gad tenían cantidad imponentes de cabezas de ganado y vieron con buenos ojos la idea de ocupar las tierras de Iazer y Guilad. Estos terrenos fueron conquistados muy poco tiempo atrás, eran parte de los reinos de Sijón y Og, y poseían cualidades especiales para la ganadería. Fue así que los miembros de estas dos tribus se acercaron a Moshé, Eleazar, Cohen Gadol, y los líderes de la generación para pedirles permanecer en estas tierras.

Moshé, entendiendo que querían eximirse de participar en las batallas para la conquista de la Tierra, los recrimina y ellos replican que: “Construiremos establos para nuestros animales y ciudades para nuestros niños; luego, cruzaremos nosotros“. O sea: garantizaremos la protección de nuestro ganado y de nuestros hijos en los territorios recién conquistados y, luego, cumpliremos nuestro deber yendo a la guerra con nuestros hermanos, a la vanguardia del ejército.

Rash”i, el principal comentarista, de la Torá, hace en este diálogo una aclaración muy interesante. Destaca cómo en el pedido, antepusieron la seguridad y el bienestar de sus rebaños a la de sus propios hijos. Es por eso que Moshé, al aprobar su idea, los primero que hace es corregir el orden y, por lo tanto, la importancia que se les da a las cosas: “Primero construyan ciudades para sus hijos y, recién luego, establos para los rebaños”.

Este breve comentario de Rash”i nos enseña algo transcendental para la vida. Cada decisión que tomamos es el reflejo de nuestra escala de valores interna.

Si optamos por proteger al ganado (léase auto, ahorros, ropa, cualquier bien material), antes que a los hijos (parte de los bienes trascendentes e importantes de la persona); algo está fallando.

Esto se puede aplicar a cualquier elección cotidiana de la vida. Todo se puede leer profundamente en una lucha de prioridades. Qué importa realmente más para uno. Teniendo delante la posibilidad de ayudar al prójimo necesitado que nos pide una ayuda para comer y la usar esa plata para comprarnos una golosina en el quisco (adaptando el ejemplo a la edad y las circunstancias); estamos haciendo mucho más que la elección entre ambas. Estamos concretando en un hecho la escala de valores interna que cada uno desarrolla a diario. En esa escala, ¿está primero ayudar al necesitado o el placer personal?

Suena el despertador. Uno se debate entre levantarse al frío de la mañana o seguir durmiendo calentito en la cama. La decisión dependerá, nuevamente, de nuestra escala de valores. ¿Tiene más relevancia para nosotros el cumplimiento de nuestras obligaciones o el placer de dormir un rato más?

Elección de pareja. Continuar con la relación actual, sobre la que ambos estamos convencidos de que “no lleva a ninguna parte” debido a las grandes incompatibilidades que nos separan (de la índole que sea) o “cortamos por lo sano”. ¿Cuál es el trasfondo? Eligir entre el disfrute intrascendente actual o una relación firme y duradera que lleve a ambos participantes al crecimiento autentico y desarrollo conjunto. Encima, cada momento de indecisión (justamente por la falta de claridad en la escala de valores), es muy perjudicial para ambos.

Dice el Rab Dessler que son muchos los que sufren con cada momento de soledad que tienen. ¿Por qué? Porque estando solo uno está consigo mismo, se analiza, se mejora. Pero para hacer esto se tiene que querer. Muchos prefieren ‘seguir avanzando’ como hasta ahora (sin importarles a donde están yendo), a ‘sacar el pie del acelerador’, reflexionar y encontrarse con uno mismo.

No es algo que otro pueda hacer por nosotros. Tener un plan definido, un rumbo en la vida y, por consiguiente, una escala de valores adecuada (que permite ver las cosas con la óptica correcta y tomar las decisiones adecuadas); es un gran paso en nuestro trabajo individual en pos del objetivo de ser, cada día, mejores personas.

Un servicio extraño II

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Es una delgada línea la que separa el servicio divino del culto ajeno –Avodá Zará-. Como dijimos en la primera parte, todas nuestras buenas acciones son el cuerpo y su intención intrínseca es el alma, la fuente de energía de las mismas. Un cuerpo sin alma no tiene razón de ser. Una acción encomendada por Di-s, incluso con nuestras mejores intenciones, sin su respectivo complemento intelectual puede derivar en un error de los más graves.

Tenemos un claro ejemplo en esta semana, en el ayuno del 17 de Tamuz. Dice el versículo sobre la gente de la cuidad de Ninvé (a la cual fue enviado el profeta Ioná para enderezar el camino de los habitantes de la misma) “y Di-s vio sus actos”. Enseñan nuestros sabios al respecto que no está escrito que Di-s vio “Su ayuno y ropa de arpillera” sino “Sus actos”, porque el ayuno no es más que un medio para la Teshubá – el retorno a Di-s. Quedarse solo con el ayuno es perder el rumbo que el judaísmo marca. Como venimos diciendo, uno está practicando lo que cree que dicta el judaísmo, pero en la realidad no es así.

Existe el precepto conocido por todos de tocar el Shofar en Rosh HaShaná (y durante el mes de Elul para los Ashkenazim). Sabiendo qué simboliza y cuál es su objetivo puede refinarnos espiritualmente y despertar nuestro retorno íntegro a Di-s; pero, sin contenido, pasa a ser un sonido más de los escuchados durante el día, sin diferencia alguna entre el mismo y la bocina de un automóvil en la calle. No hace falta reiterar la gravedad de quien, aparte de lo ya mencionado, cree que el Shofar mismo tiene una fuerza propia para lograr nuestro retorno hacia Di-s.

Esto puede compararse con la famosa parábola del campesino que tuvo que ir a la gran ciudad. Estando en las calles de la misma vio como se desataba un gran incendio en una residencia. Inmediatamente comenzaron a chillar sirenas y en pocos instantes apareció una dotación de bomberos que apagó el fuego. De vuelta en su pueblo, quiso mostrar la novedad aprendida. Reunió a todos frente al granero y lo prendió fuego. La gente comenzó a desesperarse y el hombre, muy tranquilo, sacó su campanilla recién adquirida y, lleno de orgullo, la hizo repicar esperando la aparición de los bomberos. El pobre hombre y todo el pueblo debieron sufrir la perdida de toda su cosecha.

Pueden nuestras intenciones ser de lo mejor, pero nuestra ignorancia nos lleva a convertir una acción completamente meritoria en una importante falta.

Existe otro grave error que también se centra en atribuir poderes especiales a seres humanos (que no es distinto de atribuírselos a un material inerte como las estatuas de la antigüedad). Muchos recurrimos alguna vez a algún sabio para recibir una bendición o a la tumba de algún justo para rezar allí. Vimos en la Perashá de Shelaj Lejá que Kalev se separó del resto de los espías, que mandó Moshé a explorar la tierra de Israel, y fue a la antigua ciudad de Jebrón. Explica la Guemará (Sotá 34b) que fue hasta allí para volcarse sobre las tumbas de los patriarcas y les dijo a ellos: “padres míos, pidan piedad sobre mí para que sea salvado del plan [del resto de] los espías”. No les dijo que lo hagan, sino que pidan a Di-s por él. No debe nunca la persona atribuir a la persona que lo bendice o al difunto al que le reza algún poder sobrenatural de modificar la realidad.

No existe nada ni nadie fuera de Di-s que pueda alterar la realidad. Entonces, ¿por qué se recurre a justos para que nos bendigan o se reza en la tumba de algún hombre recto? Como estas personas lograron en su vida crecer espiritualmente y acercarse más a Di-s viviendo de acuerdo a sus mandatos (objetivo que todo ser humano debe perseguir en vida), estar en su cercanía se convierte en una fuente de inspiración. El aprender de su ejemplo nos permite continuar creciendo. Y este progreso, a su vez, nos ayudar a aumentar nuestros méritos y ser escuchados.

Continuará …