La escalera espiritual II

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

En el artículo anterior hablamos de la relación entre el crecimiento espiritual y la escalera. Para continuar entendiendo dicho proceso, debemos comprender a qué clase de escalera nos referimos y cómo funciona la misma.

Escalera mecánica

Todos hemos visitado alguna vez un shopping o centro comercial (para algunos es algo esporádico, ante una necesidad, y para otros prácticamente ‘un segundo hogar’). En el mismo, desde la estética hasta la funcionalidad están enfocadas en un objetivo específico: aumentar las ventas. Y, como un piso no es suficiente (¿acaso algo es suficiente?) para distribuir todos los locales, suelen contar con varias plantas. Pero subir escaleras cansa y, como los dueños de los shoppings quieren que las energías se utilicen exclusivamente para comprar, instalan escaleras mecánicas que hacen el esfuerzo por nosotros y nos llevan a donde deseamos ir (o, mejor dicho, a donde desean que vayamos).

Dichas escaleras cuentan con tres estados: subiendo, bajando y fijo (apagado). Dependiendo de la necesidad, se elige la funcionalidad más óptima. Su base se encuentra en una plata inferior y su cabecera en la planta superior.

Nuestro crecimiento espiritual también se ejemplifica claramente con una escalera mecánica, muy parecida a la que mencionamos con unas ligeras modificaciones.
La base de la escalera se encuentra en en el punto espiritual más bajo posible (el nivel 50 de impureza [1]). La cabecera se encuentra en el nivel espiritual más alto posible (el nivel 50 de pureza [1]). Al nacer, somos colocados en un escalón de dicha escalera. Cual será dicho escalón depende de una compleja ecuación que incluye a nuestros padres, al entorno social y más variables [2]. Nuestro objetivo: subir todo lo que podamos.

A diferencia de la escalera del shopping, la escalera espiritual tiene sólo dos estados posibles: subiendo y bajando. En lugar de tener un tablero de control, cuenta con sensores de movimiento. Cuando nosotros subimos, la escalera sube y si bajamos o dejamos de movernos, baja.

Esto se basa en el principio de desde el Cielo ayudan a la persona a lograr los objetivos que se propone (Talmud Babli Makot 10: y Ioma 38:). Quien trabaja para superarse, Hashem acelera su subida. En cambio, quién no trabaja en superarse, cada vez está más abajo y desde el Cielo aceleran su descenso.

Sabiendo esto podemos comprender lo que dice Reish Lakish (Talmud Ierushalmi, Brajot 68.): “El hombre abandona a Dios un día y Dios lo abandona dos”. Es como dos personas que están juntas y parten en direcciones opuestas. Caminaron un día, pero se encuentran a dos días de distancia uno del otro. La persona bajo un escalón y a ese le sumamos el escalón que bajó la escalera de forma automática al notar su descenso; resulta que la persona se encuentra dos escalones más abajo. No se trata de una multa Celestial sino de una consecuencia directa de nuestros actos.

Pero ¿qué pasa con quién piensa que se mantuvo en su lugar? ¿por qué la escalera lo lleva hacia abajo? ¿No debería contar es sistema con un estado neutro?

Usemos al un alumno universitario como ejemplo. Cada semestre dicho alumnos debe aprobar materias para sumar créditos. Una vez alcanzado determinado número de créditos, termina su cursada y recibe su diploma. Imaginen que dicho alumno comenzó el ciclo lectivo con 80 créditos. Durante el año priorizó otras cosas en desmedro del estudio al que dejo completamente desatendido, lo que lo llevó a no aprobar ninguna materia. Al finalizar el año lo consulta un amigo sobre la cantidad de créditos que tiene y le informa orgulloso que tiene 80. “Pero si 80 tenías al comenzar el año!”, le responde su amigo. “Es verdad, no gané créditos nuevos, pero tampoco perdí ninguno”.

Para no perder no hacía falta cursar todo un año. Podría haberse tomado un año sabático y tampoco perdía créditos. Pero uno cursa para sumar y, si no sumó, perdió el tiempo!

Dicho tiempo, es el valor más preciado con el que contamos. Cada instante es único e irrepetible. No aprovechar un instante es derrocharlo. Quién termina el año con los mismos méritos con los que empezó, lo que hizo fue perder oportunidades de crecer. Se espera que la persona de 14 años, este más refinado, maduro y desarrollado que a los 13. A los 15, más que a los 14 y así para toda la vida. Es por eso que quien piensa que “se mantuvo” en la escalera espiritual ya que está cumpliendo los mismos preceptos y tiene las mismas cualidades que hace un año; a fin de cuentas, lo que hizo fue desperdiciar tiempo. Es por eso que la escalera lo hace bajar.

Estamos en vísperas de un nuevo Rosh Hashana, un nuevo juicio, un nuevo balance. Quiera Hashem que podamos salir airosos y recibir todo un año más de vida, un año más de tiempo para aprovecharlo y continuar subiendo en esta especial escalera.

Ktiva bejatima tova le shana tova umetuka – Que seamos bien inscriptos y sellados para un año bueno y dulce.

Notas
[1]- Ver artículo: “Sobre conceptos y definiciones” (próximamente) Volver arriba
[2]- Ver artículo: “El punto de partida” (próximamente) Volver arriba