Los tres pilares del Espíritu Macabeo

En el siglo dos antes de la era común, el pueblo judío sufrió uno de los golpes más duros de su historia; cuya influencia negativa continúa hasta hoy en día.

Todo comenzó con la llegada del Imperio Griego de Alejandro Magno a la Tierra de Israel (año 3448 desde la creación del mundo). Fue un choque de culturas antagónicas. Los griegos con su politeísmo y teniendo al hombre como “la medida de todas las cosas” (Homo omnium rerum mensura est – Protágoras) y los judíos pregonando el monoteísmo y foco puesto en Dios.

Elazar ataca a elefante griego

La presión griega fue en aumento hasta llegar al reinado de Antiojus Epifanes, quién optó por la guerra abierta contra el judaísmo. Prohibió bajo pena de muerte el estudio de Torá, la realización del brit milá y el cumplimiento de shabat y las fiestas, principios básicos de la vida judía.

Por primera vez en la historia, los judíos como personas estaban a salvo y era el judaísmo quien estaba en peligro. Los judíos que acepten los decretos a expensas de abandonar su judaísmo, podrían vivir plácidamente bajo el gobierno griego. Quienes se aferren a sus valores, debían pasar a la clandestinidad arriesgando su vida.

Bajo este cruel dilema, muchos judíos se “helenisaron” (adoptaron la filosofía y forma de vida griega). Otros se refugiaron en cuevas sobre montañas para poder continuar viviendo como el judaísmo dicta. Un muy reducido grupo, los macabeos, no se conformaron con vivir a escondidas soportando la presión gubernamental y viendo asimilarse a sus hermanos. Fue entonces que tomaron las armas, se enfrentaron al Imperio más poderoso del momento y, con la ayuda de Dios, triunfaron.

¿Qué caracterizó a los macabeos y los diferenció del resto de los grupos? ¿De dónde provino su energía? ¿Por qué merecieron la ayuda Celestial? Vamos a resumirlo en tres puntos básicos, los tres pilares del ‘Espíritu Macabeo’.

Antes que nada: principios. Una vida sin principios, es una vida sin objetivos. Sin razón de ser. ¿Que quiero de mi vida? Los principios son el timón del barco de la vida, sin ellos navegamos sin rumbo, totalmente a la deriva.
Groucho Marx perpetuo la expresión humorística: “Estos son mis principios pero, si no les gustan, tengo otros”. Vivimos en un mundo que, influenciado por la cultura griega, hizo de dicha frase su filosofía de vida. Vemos políticos capaces de cambiar sus convicciones con tal de triunfar en las elecciones. Vemos empresarios dispuestos a cualquier cosa con tal de aumentar su margen de ganancias.

Algo que caracterizó a los Macabeos fueron sus principios. Fieles representantes de la forma de vida y el pensamiento judío. De hecho, eran descendientes de Cohén Gadol, la persona más elevada de la generación, encargada del servicio a Dios más sublime de todos.
Incluso al reclutar seguidores demostraban la importancia de los valores. No buscaban gente atlética ni estrategas militares. Una sola era la consigna: Quién está con Dios, que se una a nosotros.

El segundo punto: pasión. Tener ideales y no vivir de acuerdo a ellos es incluso peor que no tenerlos del todo.
Lamentablemente son muchos los ejemplos contrarios que vemos en la sociedad. Médicos oncólogos que fuman. Licenciados en nutrición que no cuidan su dieta. ¿Quién puede vivir en la hipocresía? ¿Quién puede dormir tranquilo cuando sus ideas contradicen sus acciones? Es algo contradictorio con la esencia de los macabeos y del pueblo judío.
Rab Noaj Weinberg ZT”L dijo: “Mientras no sepas porque estas dispuesto a morir, no has empezado a vivir”.

La verdadera intensidad y plenitud en la vida se logra y se siente cuando uno se apasiona por lograr sus objetivos. Y es esta también, la garantía de éxito (ver [1]).

El tercer y último punto: amor al prójimo. Como seres humanos, somos seres sociales. Vivimos rodeados de pares e interactúamos con ellos constantemente. Uno puede brindarse a los demás o esperar que los demás se brinden a uno. Ser abnegados o egoístas.

El mundo se construye con los primeros y es destruido por los segundos. Como dijo Hilel en el Talmud (Abot 1:14): “Si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy?”. Quién quiere construir, debe pensar en el prójimo y brindarse a él. Lo macabeos podrían haber vivido como el segundo grupo, practicando su judaísmo en la clandestinidad. Pero no. No soportaron el sufrimiento de sus hermanos y, para liberarlos, entraron en una guerra imposible desde el punto de vista lógico.

Fue este espíritu el que identificó a los macabeos y los llevó a superar a los griegos. Pero fue sólo la primera batalla. Nosotros debemos levantar su estandarte, empaparnos de su ejemplo y seguir librando la lucha contra la cultura adversa que nos rodea.

Januca sameaj!

Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Notas
[1]- Ver artículo: “La escalera espiritual II”
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