El tren se va ♫

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim )

“El tren se va, el tren se va, saquen los boletos, suban ya, suban ya, que el tren se va”. Casi no hay en el mundo de habla hispana, maestra jardinera que no haya cantado esta canción y, al ser que todos hemos sido niños y acudido al jardín de infantes (guardería), la mayoría de nosotros tiene dicha letra y su melodía, guardada en algún lugar del subconsciente.

El mensaje es claro: el tren tiene un horario de partida y un recorrido establecido. Digamos, de Berlin a París, el lunes a las 22:15 horas. De no estar listos en la estación Berlin Ostbahnhof al momento adecuado y comenzar el recorrido, se hará imposible llegar a la estación Paris Nord, nuestro destino.

trenNos encontramos ahora en la hermosa etapa designada por Dios para el de cambio y superación que comienza con rosh jodesh (comienzo del mes de) Elul y termina con la alegría máxima y plena de la fiesta de Shminí Atzeret – Simja Torá. Muchos son los que, al arribar a este día cúlmine, ven a la gente feliz a su alrededor, bailando con los sefer Torá (libros de Torá), cantando y celebrando y se sienten ajenos. “¿Por qué yo no me siento así?” se plantean. La respuesta la podemos hallar en la canción infantil con la que comenzamos esta nota: no están felices porque ¡no se subieron al tren!

La felicidad es la consecuencia del cumplimiento de las diferentes etapas de un proceso de acercamiento a Dios y superación personal. No por casualidad, siempre al comienzo de este proceso, leemos la perashá (porción de la Torá) de Reé. Ahí leemos sobre la posibilidad de que, en el transcurso de la historia, aparezca algún hombre que, empleando diversos artilugios, trate de convencernos de que Dios tiene un plan distinto para la humanidad que aquel que recibimos hace tres milenios en el Monte Sinaí.

En este pasaje, donde se legisla sobre dicho sujeto que trata de alejarnos de Dios, es donde la Torá enfatiza como debemos hacer para acercarnos a Él. “Detrás de Hashem vuestro Dios andarán, a Él temerán, Sus preceptos cumplirán, Su voz escucharán, a Él servirán y a Él se apegarán” (Reé 13:5). Esté versículo insinúa magistralmente cada una de las estaciones que debemos atravesar para conseguir nuestro objetivo.

“Detrás de Hashem vuestro Dios andarán”: esto se refiere al mes de Elul donde, cual novio que buscar conquistar a su amada, debe comenzar por indagar en los gustos de ella (de no hacerlo, le brindará a ella lo que a él le gustaría recibir y no lo que ella quiere). Una vez conocidos los gustos de ella, se esforzará en satisfacerlos para desarrollar y fortalecer el vínculo. Lo mismo nosotros con Dios, tenemos todo un mes donde buscamos acercarnos a él. Desde la costumbre de levantarse a la madrugada para recitar el rezo especial de slijot hasta el hacer sonar a diario el shofar para movilizarnos hacia nuestro destino.

“a Él temerán”: el día de mayor reverencia del año es el día de Rosh Hashaná, donde se abren los libros de los actos realizados y Dios se dirige directamente y juzga a cada una de las criaturas del mundo. Es un día de pavor y reverencia donde tenemos la oportunidad de hacer el balance imprescindible para el crecimiento y la oportunidad de presentarle a Dios nuestros proyectos para el año que comienza.

“Sus preceptos cumplirán”: luego del juicio comienza la “probation”; el período de evaluación dictado por el juez para ver en el comportamiento diario del acusado. Saber su en su accionar diario es coherente con los objetivos que se proyectó para sí mismo. Estos son los aseret iemei tshuba (los diez días de retorno), donde se incrementa en el cumplimiento de los preceptos y, consecuentemente, nuestro refinamiento del carácter.

“Su voz escucharán”: todo el año nos vemos bombardeados por “voces” que nos arrastran de un lado a otro. La voz de nuestro instinto que nos pide satisfacerlo, hambre, sed, sueño y demás necesidades fisiológicas, la voz de los medios de comunicación (que, paradójicamente, muchas veces nos descomunican de nosotros mismos), la voz de nuestros amigos y tantas otras voces que afectan nuestro comportamiento. Existe un único día al año, donde nos olvidamos de todas ellas y nos dedicamos exclusivamente a nuestro vínculo con Dios. El día de Iom Kipur (Día del Perdón). Contrario a lo que muchos creen, es un día de alegría y regocijo, la alegría de la superación y el perdón de nuestros malos actos.

“a Él servirán”: se refiere a la fiesta donde los preceptos están por todos lados: sukot (la fiesta de las cabañas). La elección y el uso de las cuatro especies, la construcción y el uso diario, prácticamente constante, de la suká (cabaña); una de los pocos preceptos que se cumplen con la totalidad de nuestro ser. Siguiendo con la alegoría de los novios, la suká representa la jupá (el palio nupcial) que los une a ambos.

“y a Él se apegarán”: una vez realizados todos los pasos precedentes, llegamos por fin al sumun de nuestro apego a Dios y desarrollo personal: shminí atzeret y simja torá. La alegría que solo la superación de obstáculos y el crecimiento como personas nos pueden dar. Una alegría plena, una alegría llena de contenido; una alegría total y duradera. La alegría del novio y la novia luego de comprometerse a encarar sus vidas juntos.

Pero para llegar a destino debemos empezar ahora. La locomotora ya está humeando, se escucha por altavoces el último llamado, es nuestro momento: ¡Subamos al tren!

¡Que seamos inscriptos y sellados para un año bueno y dulce! ¡Shaná tová umetuká!