La escalera espiritual I

¿Es posible crecer espiritualmente? ¿Cómo hace para lograrlo?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Escalera
Escalera

Desde los comienzos de la civilización, la humanidad buscó refugio de los factores climáticos. Así fue que empezó a aprovechar las cuevas de las montañas y otros recovecos. Luego surgieron las primeras chozas y tiendas de campaña. La evolución continuó con estructuras más solidas y aparecieron las primeras casas para dar lugar, luego, a construcciones más altas.

El gran problema para poder aprovechar el espacio aéreo fue la forma de acceder. Uno puede subir algunos centímetros de un salto pero una distancia mayor se hace muy difícil. Es ahí que surge unos de los inventos más maravillosos de la historia humana: la escalera. Basada en el principio de ‘Divide y vencerás’ (cuya aparición histórica, de hecho, es bastante posterior), logró permitir a las personas ascender a alturas insospechadas. Esto se logra de una manera sencilla: es imposible para las personas subir de un salto una distancia de 3 metros de altura. Sin embargo, subir 30 cm. se encuentra dentro de las posibilidades de la mayoría. Lo que la escalera hace es justamente eso: particiona dicha subida en pequeños ‘saltos’.

Fue así que se dió comienzo a la construcción de nuevas y mucho más estructuras muchas más ambiciosas y útiles.

Pero también está tecnología encontró un límite: el cansancio. Requiere un gran estado físico alcanzar los pisos más altos. Pero lo analizaremos la próxima.

Esta sutil estrategia es clave en la vida de cada uno de nosotros. Muchas veces nos enfrentamos con problemas abrumadoramente grandes. Ante tales dificultades, solemos darnos por vencidos sin siquiera intentar encararlos.
Tenemos que poder dividirlos en problemas más pequeños y resolverlos uno a uno. Al cabo de un tiempo y, probablemente casi sin darnos cuenta, habremos logrado una gran hazaña.

Este es el secreto para triunfar en el juicio de Rosh Hashaná y en la vida en general. Abarcar mucho nunca es bueno. No es efectivo y lleva al rápido abandono. Debemos enfocarnos en algo puntual y realizable; al superarlo, buscaremos nuevas metas.

Como ocurrió con Akiva, el pastor, cuando vió una roca perforada en el lugar donde goteaba un fino hilo de agua. La roca es mucho más dura y resistente que las gotas de agua. Pero la perseverancia del golpear de dichas gotas, lograron perforar la piedra. El se aferró a esta idea y llegó a ser el gran maestro y líder del pueblo de Israel, Rabí Akiva.

La clave del éxito está en la constancia.

Quiera Hashem que podamos aplicar esta estrategia y tener un nuevo año lleno de proyectos y realizaciones, dicha y felicidad.

Que seamos inscriptos y sellados para un año bueno y dulce.

Continuación: La escalera espiritual II

Lágrimas injustas

Si Dios es justo, ¿como puede ser que castigue a los hijos por los errores de los padres? ¿Cómo puede ser que, generación tras generación, tengamos que sufrir en Tishá beAv, por el error cometido por la generación del desierto, hace mas de tres milenios?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

En el segundo año de la salida del pueblo de Israel de Egipto, llegaron a los límites de la Tierra Prometida. Estando al borde de culminar su épica travesía y contando con la garantía de éxito que Di-s mismo les había dado, le piden igualmente a Moshe mandar hombres a espiar la Tierra.
Formaron un grupo de doce líderes y les encomendaron la misión. Luego de 40 días, en día nueve del mes de Av, traen un desalentador reporte y el pueblo se desmorona; se quiebran en llanto y desesperanza.
Como esa generación lloró sin motivo; Di-s decreta que en ese día, a lo largo de la historia, le dará al pueblo judío motivos para llorar (Taanit 29a).

Sabemos que Di-s es justo y bueno. Entonces: ¿Cómo puede ser que castigue a los hijos por los errores de los padres? ¿Cómo puede ser que, generación tras generación, tengamos que sufrir en este día, por el error cometido por la generación del desierto, hace mas de tres milenios?

Existe en Japón una costumbre que está muy “de moda”. Consiste en contratar a un doble para que cumpla por uno una condena penal. Esto es una clara evasión de la justicia. No es el responsable, el que es castigado por su accionar sino un inocente. Una gran injusticia. Algo posible entre seres humanos pero que no debería ser viable en lo que a Di-s respecta.
Entonces: ¿cómo se entiende?

El Talmud (Sanhedrin 27b) formula esta pregunta y desarrolla su respuesta. Nadie es castigado por las transgresiones de otro. Lo que sí puede ocurrir, es que, sólo si los hijos reinciden en los errores de sus padres, son castigados por sus errores y por los de sus antecesores (ya que no les sirvieron como ejemplo para aprender la lección).

Toda generación en la que el Beit Hamikdash no es reconstruido, es porque continúan las acciones que llevaron a su destrucción (Iomá 9b).
Es así que el duelo y los sufrimientos que seguimos padeciendo, se debe a nuestras propias faltas.

Quiera Di-s que podamos realizar la reflexión adecuada, corregir nuestras conductas y pronto no necesitar más de las costumbres de duelo y que el nueve de Av se convierta en un día festivo.

Escala de Valores

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Llegando al final de la travesía de los cuarenta años por el desierto, estando acampados los iehudim en la margen oriental del Iardén (Jordán), nos relata la Torá un pedido muy particular (Bamidbar, Capítulo 32).

Las tribus de Reuvén y Gad tenían cantidad imponentes de cabezas de ganado y vieron con buenos ojos la idea de ocupar las tierras de Iazer y Guilad. Estos terrenos fueron conquistados muy poco tiempo atrás, eran parte de los reinos de Sijón y Og, y poseían cualidades especiales para la ganadería. Fue así que los miembros de estas dos tribus se acercaron a Moshé, Eleazar, Cohen Gadol, y los líderes de la generación para pedirles permanecer en estas tierras.

Moshé, entendiendo que querían eximirse de participar en las batallas para la conquista de la Tierra, los recrimina y ellos replican que: “Construiremos establos para nuestros animales y ciudades para nuestros niños; luego, cruzaremos nosotros“. O sea: garantizaremos la protección de nuestro ganado y de nuestros hijos en los territorios recién conquistados y, luego, cumpliremos nuestro deber yendo a la guerra con nuestros hermanos, a la vanguardia del ejército.

Rash”i, el principal comentarista, de la Torá, hace en este diálogo una aclaración muy interesante. Destaca cómo en el pedido, antepusieron la seguridad y el bienestar de sus rebaños a la de sus propios hijos. Es por eso que Moshé, al aprobar su idea, los primero que hace es corregir el orden y, por lo tanto, la importancia que se les da a las cosas: “Primero construyan ciudades para sus hijos y, recién luego, establos para los rebaños”.

Este breve comentario de Rash”i nos enseña algo transcendental para la vida. Cada decisión que tomamos es el reflejo de nuestra escala de valores interna.

Si optamos por proteger al ganado (léase auto, ahorros, ropa, cualquier bien material), antes que a los hijos (parte de los bienes trascendentes e importantes de la persona); algo está fallando.

Esto se puede aplicar a cualquier elección cotidiana de la vida. Todo se puede leer profundamente en una lucha de prioridades. Qué importa realmente más para uno. Teniendo delante la posibilidad de ayudar al prójimo necesitado que nos pide una ayuda para comer y la usar esa plata para comprarnos una golosina en el quisco (adaptando el ejemplo a la edad y las circunstancias); estamos haciendo mucho más que la elección entre ambas. Estamos concretando en un hecho la escala de valores interna que cada uno desarrolla a diario. En esa escala, ¿está primero ayudar al necesitado o el placer personal?

Suena el despertador. Uno se debate entre levantarse al frío de la mañana o seguir durmiendo calentito en la cama. La decisión dependerá, nuevamente, de nuestra escala de valores. ¿Tiene más relevancia para nosotros el cumplimiento de nuestras obligaciones o el placer de dormir un rato más?

Elección de pareja. Continuar con la relación actual, sobre la que ambos estamos convencidos de que “no lleva a ninguna parte” debido a las grandes incompatibilidades que nos separan (de la índole que sea) o “cortamos por lo sano”. ¿Cuál es el trasfondo? Eligir entre el disfrute intrascendente actual o una relación firme y duradera que lleve a ambos participantes al crecimiento autentico y desarrollo conjunto. Encima, cada momento de indecisión (justamente por la falta de claridad en la escala de valores), es muy perjudicial para ambos.

Dice el Rab Dessler que son muchos los que sufren con cada momento de soledad que tienen. ¿Por qué? Porque estando solo uno está consigo mismo, se analiza, se mejora. Pero para hacer esto se tiene que querer. Muchos prefieren ‘seguir avanzando’ como hasta ahora (sin importarles a donde están yendo), a ‘sacar el pie del acelerador’, reflexionar y encontrarse con uno mismo.

No es algo que otro pueda hacer por nosotros. Tener un plan definido, un rumbo en la vida y, por consiguiente, una escala de valores adecuada (que permite ver las cosas con la óptica correcta y tomar las decisiones adecuadas); es un gran paso en nuestro trabajo individual en pos del objetivo de ser, cada día, mejores personas.

Un servicio extraño II

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Es una delgada línea la que separa el servicio divino del culto ajeno –Avodá Zará-. Como dijimos en la primera parte, todas nuestras buenas acciones son el cuerpo y su intención intrínseca es el alma, la fuente de energía de las mismas. Un cuerpo sin alma no tiene razón de ser. Una acción encomendada por Di-s, incluso con nuestras mejores intenciones, sin su respectivo complemento intelectual puede derivar en un error de los más graves.

Tenemos un claro ejemplo en esta semana, en el ayuno del 17 de Tamuz. Dice el versículo sobre la gente de la cuidad de Ninvé (a la cual fue enviado el profeta Ioná para enderezar el camino de los habitantes de la misma) “y Di-s vio sus actos”. Enseñan nuestros sabios al respecto que no está escrito que Di-s vio “Su ayuno y ropa de arpillera” sino “Sus actos”, porque el ayuno no es más que un medio para la Teshubá – el retorno a Di-s. Quedarse solo con el ayuno es perder el rumbo que el judaísmo marca. Como venimos diciendo, uno está practicando lo que cree que dicta el judaísmo, pero en la realidad no es así.

Existe el precepto conocido por todos de tocar el Shofar en Rosh HaShaná (y durante el mes de Elul para los Ashkenazim). Sabiendo qué simboliza y cuál es su objetivo puede refinarnos espiritualmente y despertar nuestro retorno íntegro a Di-s; pero, sin contenido, pasa a ser un sonido más de los escuchados durante el día, sin diferencia alguna entre el mismo y la bocina de un automóvil en la calle. No hace falta reiterar la gravedad de quien, aparte de lo ya mencionado, cree que el Shofar mismo tiene una fuerza propia para lograr nuestro retorno hacia Di-s.

Esto puede compararse con la famosa parábola del campesino que tuvo que ir a la gran ciudad. Estando en las calles de la misma vio como se desataba un gran incendio en una residencia. Inmediatamente comenzaron a chillar sirenas y en pocos instantes apareció una dotación de bomberos que apagó el fuego. De vuelta en su pueblo, quiso mostrar la novedad aprendida. Reunió a todos frente al granero y lo prendió fuego. La gente comenzó a desesperarse y el hombre, muy tranquilo, sacó su campanilla recién adquirida y, lleno de orgullo, la hizo repicar esperando la aparición de los bomberos. El pobre hombre y todo el pueblo debieron sufrir la perdida de toda su cosecha.

Pueden nuestras intenciones ser de lo mejor, pero nuestra ignorancia nos lleva a convertir una acción completamente meritoria en una importante falta.

Existe otro grave error que también se centra en atribuir poderes especiales a seres humanos (que no es distinto de atribuírselos a un material inerte como las estatuas de la antigüedad). Muchos recurrimos alguna vez a algún sabio para recibir una bendición o a la tumba de algún justo para rezar allí. Vimos en la Perashá de Shelaj Lejá que Kalev se separó del resto de los espías, que mandó Moshé a explorar la tierra de Israel, y fue a la antigua ciudad de Jebrón. Explica la Guemará (Sotá 34b) que fue hasta allí para volcarse sobre las tumbas de los patriarcas y les dijo a ellos: “padres míos, pidan piedad sobre mí para que sea salvado del plan [del resto de] los espías”. No les dijo que lo hagan, sino que pidan a Di-s por él. No debe nunca la persona atribuir a la persona que lo bendice o al difunto al que le reza algún poder sobrenatural de modificar la realidad.

No existe nada ni nadie fuera de Di-s que pueda alterar la realidad. Entonces, ¿por qué se recurre a justos para que nos bendigan o se reza en la tumba de algún hombre recto? Como estas personas lograron en su vida crecer espiritualmente y acercarse más a Di-s viviendo de acuerdo a sus mandatos (objetivo que todo ser humano debe perseguir en vida), estar en su cercanía se convierte en una fuente de inspiración. El aprender de su ejemplo nos permite continuar creciendo. Y este progreso, a su vez, nos ayudar a aumentar nuestros méritos y ser escuchados.

Continuará …

Un servicio extraño

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Vara de Esculapio

Cuenta la Torá que cuando partieron de Hor HaHar por el camino del Iam Suf, rodeando la tierra de Edom, el pueblo se impacientó –a causa de la guerra con el Kenaaní, la muerte de Aharón y el andar en círculos por el desierto (Rashí)- y habló contra Hashem y Moshé diciendo: “¿Por qué nos han hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Ya que no hay pan ni agua y nos hartamos del alimento insustancial –Mán-” (capítulo 21). Fue como castigo por este comportamiento que Hashem mandó sobre el pueblo serpientes venenosas que mataron a muchos. Moshé hizo Tefilá a Hashem pidiendo por el cese de la plaga y le fue encomendado el forjamiento de una serpiente de cobre la cual debía ser colocada sobre un poste; “Y sucederá que todo el que haya sido mordido mirará la serpiente y vivirá”.

Dice la Guemará en Sanedrín capítulo ‘Ben Sorer uMoré” (74a): “Sobre todos los pecados se aplica la regla de ‘infríngelos pero no seas asesinado’ salvo en: Avodá Zará –idolatría-, relaciones prohibidas y derramamiento de sangre”. Esto nos enseña la gravedad de estos tres ‘pecados capitales’ que, en caso de tener que elegir entre transgredirlos o entregar la vida, se debe optar por esta última opción.

Es difícil de entender entonces el mandamiento de Di-s al pueblo en el desierto de mirar una estatua colgada de un pedestal para curarse. Todo en la Divina Torá tiene su clara y entendible explicación. Explica Rashí al respecto (basado en Rosh HaShaná 29a) que todo el objetivo de la estatua era que el pueblo oriente su mirada hacia arriba y sometan sus corazones a nuestro Padre Celestial. “No es el escorpión el que mata sino el error cometido por la persona” (Berajot 33a); la introspección de la persona y su arrepentimiento era lo que los salvaba.

Cuenta el Tanaj (Melajim II, capítulo 18) que, transcurridos más de 7 siglos de este incidente en el desierto, el pueblo de Israel conservaba a esta ‘serpiente curativa’ a la cual le atribuían fuerzas sobrenaturales y adoraban llamándola ‘Nejushtán’. El justo rey de Iehudá, Jiskiau, debió destruirla ya que fue completamente tergiversada su función.

La forma de vida encomendada por la Torá es perfecta y está llena de contenido pero requiere de mucho estudio y dedicación, la aplicación de la misma como es debido. Un pequeño desconocimiento de algún concepto puede hacernos atravesar la delgada línea que separa el servicio divino de la, extremadamente grave, Avodá Zará.

Al perder los Iehudim el verdadero objetivo de la serpiente de Moshé, que era el retorno a Di-s, de nada servía que se curen milagrosamente. Las cosas se hacen de (o se encaminan hacia) la forma correcta o no se hacen. Se cumple la voluntad divina o se cae en un culto completamente ajeno al judaísmo.

Existen al respecto cientos de costumbres sagradas que, por el paso del tiempo y la falta de estudio adecuadas, se realizan sin un sentido profundo y santo o se tergiversan completamente.

Hay una santa costumbre de prender velas en honor de personas fallecidas. Esta costumbre tiene su base en la Halajá y su apoyo en el Pasuk que dice “La vela de Di-s es el alma de la persona” (Mishlé 20:27). Pero creer que la vela logra que el alma ascienda es considerado Avodá Zará. Sólo Mitzvot y buenas acciones en nombre del fallecido logran este efecto. Entonces: ¿cuál es el fundamento del prendido de velas? Son los conceptos que nos enseñan las velas prendidas los méritos que logran el ascenso espiritual del alma del difunto. Estos conceptos son, entre otros: lo limitado de la vida en la tierra, buscar apegarnos a Di-s como el fuego que siempre se dirige hacia arriba y el aprovechar nuestro potencial para iluminar a los demás.

Continuirá …

El pueblo elegido – ¿Una raza superior?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Mafalda y la raza humana

¿Existen diferentes niveles entre los seres humanos? ¿Hay mejores y peores? ¿Existe, como plantearon muchos a lo largo de la historia, una raza superior?

En el folklore popular se dice que el pueblo judío se considera el pueblo elegido por D”s; y, cuando comenzamos a investigar, encontramos que estos conceptos surgen de la misma Torá. Dice D”s al pueblo de Israel (Itró 19:5,6): “(…) y serán para mi un tesoro entre todas las naciones. (…) un reino de ministros y un pueblo santo”.
Explica Sforno, basado en la Torá Oral, que D”s aprecia y valora a todas sus criaturas (insectos, reptiles, peces, aves, mamíferos); pero por la humanidad tiene un aprecio especial.

¿Igualdad o singularidad?
Del mismo versículo aprendemos que realmente existe algo que diferencia al pueblo judío. ¿En qué radica esa singularidad? “Somos más inteligentes” responderán algunos. “Vean el porcentaje de premios Nobel judíos, es mucho mayor al 0,02% que representamos los judíos de la cantidad total de habitantes del mundo”. “Somos más capaces”, dirán otros, “fíjense la cantidad de judíos en el ranking de los hombres más ricos del planeta de la revista Fortune”. Estos argumentos no tienen ninguna base científica. Existen no judíos más inteligentes, más sabios y más ricos. Entonces, ¿en qué radica la singularidad mencionada?

La respuesta está en la primer parte versículo antes citado: “y ahora, si escuchan diligentemente mi voz y guardan mi pacto (…)”.
Rashi, basado en el Talmud, explica que se refiere a observar la Torá. El Rambán, Najmánides, refuerza la misma idea: el pacto establecido por D”s con Moshé y el pueblo de Israel al recibir la Torá.
La concepción de pueblo elegido radica pura y exclusivamente en el rol asumido al aceptar la Torá. La misma es el manual de instrucciones que nos indica los consejos Divinos para vivir mejor y sacarle todo el provecho a este mundo en donde nos toca vivir.

No son ideas para guardar en secreto. Nuestra misión es aplicarlas y transmitirlas al mundo entero. Fuimos elegidos como maestros del mundo. Los encargados de transmitir los valores espirituales a toda la humanidad.
¿Somos mejores? De ninguna manera.
Nos distingue una misión. Destaquémonos por llevarla a la práctica.

Tzaraat y las redes sociales (Lepra 2.0)

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Unos de los miedos más recurrentes entre los usuarios de Facebook es confundir la barra de estado con la de búsqueda. Que aparezca en ‘el muro’ y sea leído por todos sus contactos lo que él estaba buscando anónimamente.

facebook
La popular red social.

Ya se desarrolló y probó un dispositivo que evita escribir las contraseñas. Es un scanner cerebral que detecta e interpreta los pensamientos. Con solo pensar la clave, se consigue accesos deseado.

En un futuro no muy lejano, las redes sociales podrán estar conectadas directamente a nuestro cerebro y todas nuestras acciones y pensamientos serán publicados de forma completamente automática.

¿Sería esto un gran avance de la ciencia? ¿Sería una innovación beneficiosa o perjudicial? ¿Cambiarían nuestros hábitos?

¿Cómo nos comportaríamos si todos lo que hacemos y pensamos es revelado de manera instantánea a todos nuestros conocidos?

De eso se trata la perashá Tazría – Metzorá. Cuando el pueblo de Israel se encontraba en un elevado estado espiritual y residiendo en la Tierra más elevada de todas, Eretz Israel; existía el concepto de negaim (manchas). Cuando una persona contaba a otra, intimidades sobre un tercero, lashón hará; inmediatamente aparecían en las paredes de la casa del que habló, unas extrañas manchas. Si se arrepentía y corregía su accionar, se solucionaba el asunto. En caso contrario, las manchas pasaban a la ropa y, de obstinarse en el error, afectaban la piel de la persona (una enfermedad de índole puramente espiritual pero cuya manifestación física, en ésta tercer etapa, es similar a la lepra).

La transgresión de la persona se hacía pública y todo el vecindario, sus amigos y conocidos se enteraban. ¿Qué clase de siata dishmaia (ayuda espiritual) es esta?

Algo similar ocurría con el tzitz (ornamento frontal) del kohen gadol. Cuando se acercaba uno al kohen gadol, veía en este ornamento la prueba espiritual que tenía que superar en el corto plazo. Y algo similar se cuenta sobre el Arizal y su capacidad para ayudar a las personas a encontrar su objetivo en la vida.

Esto se puede responder con una parábola.

Un hombre tenía que cruzar un peligroso bosque junto con su hijo pequeño. Para defenderse se posibles ataques de animales salvajes, cargó y empuño su arma en una mano y agarró a su hijo con la otra; indicándole claramente que no se suelte hasta no terminar de atravesar el bosque.

En un momento de distracción de ambos, el hijo se soltó y se alejó de su progenitor. Al notar la separación, ambos comenzaron una intensa y desesperada búsqueda para reencontrarse entre los acechantes peligros del bosque.

Luego de interminables minutos, ambos se encontraron y el padre del dio una bofetada al hijo por alejarse; luego de la cual se unieron en un sentido abrazo.

El golpe no es doloroso si proviene de la unión. El golpe es un llamada de atención para bien, para que no se repita el error y puedan continuar caminando juntos y seguros.

Cuando el pueblo de Israel gozaba de una gran elevación espiritual, incluso los pequeños errores eran advertidos públicamente. ¿Con qué fin? Simple. Ayudarnos a mejorar aún más nuestros rasgos de carácter y  nuestro comportamiento.

¿Como nos comportaríamos si nuestras acciones serían publicadas instantáneamente? De ser personas de bien, con la pura intención de mejorar, seguramente esto nos sería de gran ayuda para cuidar nuestro comportamiento en todo momento y acelerar nuestro crecimiento personal.

“Hay un ojo que ve, un oído que escucha y todos los actos de la persona son registrados en un libro” Pirkei Abot 2:1

Mitos y verdades: Pasar la sal de mano en mano

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim )

Salero y pila de sal

Es una polémica muy frecuente en cualquier mesa. Uno pide la sal y exige que la misma sea apoyada en la mesa como condición excluyente para poder agarrarla.

“Está prohibido pasar la sal de mano en mano”, “No se puede”, “¡Jaram!”.

El judaísmo en sí no es una religión, sino una forma de vida. Está repleto de minhaguim –costumbres- y legislaciones que regulan la vida del iehudí. Todas y cada una de ellas cuanta con su razón de ser y que, según la profundidad de la explicación, es más o menos entendible por todos.

Cada uno debe aferrarse a las costumbres del Pueblo de Israel (cada uno siguiendo las particularidades de su propia ascendencia) tanto como se respetan las leyes (“minhag Israel halajá“ – un costumbre aceptada por el pueblo de Israel adquiere el status de ley).

El problema aparece cuando alguna costumbre ajena (social o religiosa) empieza a filtrarse en la práctica diaria del judaísmo (sin la aprobación de los líderes espirituales de la generación). Luego de un tiempo, y por culpa de la ignorancia, la misma se aferra tanto que es muy difícil de quitar del subconsciente colectivo. De ahí surge el juego de palabras que puntualiza que las mismas letras que conforman la palabra ‘minhag’ –costumbre- forman la palabra ‘guehinam’ – infierno.

El no pasar la sal de mano en mano no es más que una filtración externa del estilo que mencionamos. Su origen (no judío, claro está), se remonta a la a la Antigua Grecia y su sucesor en la lista de potencias dominantes, la República (y posteriormente Imperio) de Roma.

La sal era un producto de suma importancia que, además del actual uso como condimento, era empleada para preservar comida, rituales religiosos y sociales y como antiséptico. Todos estos factores hacían de la sal un articulo codiciado y, por lo tanto, valioso. Sumado a esto su carácter imperecedero y su fácil fraccionamiento, hizo de la misma un muy buen sustituto de la moneda corriente, por lo que se pasó a realizar gran parte de las transacciones en sal.

Para evitar los conflictos por eventuales pérdidas de sal en el pasa-manos de la misma, se impuso la norma de ‘apoyar la sal’. Quién pagaba ponía la sal en la mesa y el receptor la agarraba de la misma, así cada uno se responsabilizaba por su acción y no podía perderse la sal en la mitad con culpabilidad confusa. Increíblemente, esta norma llegó hasta nuestros días en los que no tiene ningún sentido.

¿Siguen creyendo que está prohibido pasar la sal de mano en mano? ¡Por favor!