La clave del éxito en el juicio Divino: venciendo la inercia

¿Sabemos cómo pedir en el juicio Divino? ¿Existe algún consejo que nos ayude a salir airosos?

Para la elevación del alma de la niña Miriam Naomi bat Rut Ester ZI”A

Fernando trabaja duro 10 horas al día para poder cubrir los gastos de la familia y ahorrar dinero todos los meses. Mes a mes, deposita sus nuevos ahorros en una cuenta bancaria destinada exclusivamente a dicho dinero. Llegó al último Rosh Hashaná con 30.000 dólares en la cuenta y, como es un hombre de fe, dedicó sus rezos a agradecerle a Dios por haber llegado a esa cifra y pedirle que el nuevo año le traiga abundancia para poder duplicar la misma.
balanzaJulieta y Raul tienen dos hijos sanos, hermosos e inteligentes. Estan muy felices y agradecidos a Dios por ellos. Hace poco decidieron agrandar la familia y dedicaron sus rezos de Rosh Hashaná a pedirle a Dios que los ayude a tener un tercer hijo; sano, hermoso e inteligente como sus hermanitos.

Edgardo gozó siempre de buena salud, se alimenta bien y hace deporte regularmente. Hace poco, en un control de rutina, le encontraron un bulto en la piel y le dieron fecha para realizar los exámenes pertinentes después de las fiestas. Como es de suponer, sus rezos de Rosh Hashaná los focalizó en pedir que no sea nada grave.

El período que comienza en Rosh Hashaná y finaliza en Hoshaná Rabá es el tiempo de juicio Celestial. Dios juzga a cada una de las criaturas y designa lo que le ocurrirá a cada una de ellas en el año que comienza. Todas las áreas de la vida son alcanzadas por el veredicto divino: nacimientos, casamientos, fallecimientos, sustento, salud, sorpresas, desgracias, progresos y retrocesos físicos y espirituales. Entonces, ¿son correctas las ‘estrategias’ de rezo de nuestros amigos antes mencionados?

El mundo que nos rodea funciona de manera precisa. La observación del mismo llevó a los científicos de todos los tiempo a enunciar leyes que regulan dicho comportamiento. Una de las más famosas es la primera Ley de Newton conocida como la Ley de la Inercia. Dicha ley enuncia que todo objeto al que no se le aplican fuerzas externas, mantendrá su estado de movimiento actual (si se encuentra detenido, seguirá detenido; si se encuentra en movimiento, continuará dicho desplazamiento en la misma dirección y a la misma velocidad).

Al estar rodeados de esta Ley y ser válida en todos los ejemplos prácticos de movimiento que conocemos, solemos aplicarla también (muchas veces subconscientemente) a distintos aspectos de nuestra vida y caer en severos errores. Ejemplifiquemos: tomemos un vaso descartable transparente, volquemos agua en su interior, marquemos en nivel del agua y dejemoslo arriba de la mesa. Si la Ley de la Inercia fuera válida en este contexto y nadie toca el vaso, el nivel de agua debería mantenerse. Pero no es así. La Ley no se aplica y el nivel desciende.

Nuestros amigos, arriba mencionados, cometieron el mismo error que en el caso del vaso. Aplicaron la Ley de la Inercia a sus vidas sin considerar punto de quiebre que marca el Juicio Divino. Ellos pensaron que lo que tienen ‘les pertenece’ y piden a Dios que les de lo que les falta. No es así. Nada nos pertenece. Ni el dinero, ni las propiedades, ni los hijos, ni la salud, ni la vida misma.

Previo al juicio, Dios pone en cero todos nuestros recursos, entramos al juzgado espiritual sin nada propio. Dios evalúa minuciosamente nuestro accionar pasado y nuestros planes a futuro y, en base a estos, decreta cómo será el nuevo año; que recursos de los que teníamos nos entregará nuevamente y cuáles retendrá, Jas veShalom; así también, que recursos nuevos nos asignará.

Este principio lo vemos en el Talmud (Brajot 58:): “Dijo Rabí Ioshúa ben Leví quien ve a su compañero luego de 30 días dice ‘Baruj Shejeianu veKiimany veIguianu lazman haze‘ (Bendito quien nos dio vida y nos sostuvo y nos hizo llegar a este momento). Si no lo vio por 12 meses, dice: ‘Baruj mejaie hametim‘ (Bendito quién resucita a los difuntos).” ¿Cuál es la relación entre los 12 meses y la resurrección?

La respuesta la encontramos en el comentario de Rab Shmuel Eidels, el Meharsha: en el trascurso de 12 meses, la persona pasó por el juicio de Rosh Hashaná e Iom Kipur donde estuvo en riesgo la vida. Por eso, al volver a verlo luego de este período, bendecimos a Dios que optó por volver a darle vida (al igual que hará en un futuro con los fallecidos).

Cuantas fortunas se perdieron, cuantos hombres sanos enfermaron, cuantas personas partieron; absolutamente todo es decretado en estos días. Entramos al juicio sin nada y dependemos de la misericordia Divina para salir airosos.

Quiera Hashem que seamos inscriptos en libro de la vida para un año dulce como la miel.

Gmar jativa tova!

Jonathan Berim
Twitter: @JonathanBerim

La escalera espiritual II

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

En el artículo anterior hablamos de la relación entre el crecimiento espiritual y la escalera. Para continuar entendiendo dicho proceso, debemos comprender a qué clase de escalera nos referimos y cómo funciona la misma.

Escalera mecánica

Todos hemos visitado alguna vez un shopping o centro comercial (para algunos es algo esporádico, ante una necesidad, y para otros prácticamente ‘un segundo hogar’). En el mismo, desde la estética hasta la funcionalidad están enfocadas en un objetivo específico: aumentar las ventas. Y, como un piso no es suficiente (¿acaso algo es suficiente?) para distribuir todos los locales, suelen contar con varias plantas. Pero subir escaleras cansa y, como los dueños de los shoppings quieren que las energías se utilicen exclusivamente para comprar, instalan escaleras mecánicas que hacen el esfuerzo por nosotros y nos llevan a donde deseamos ir (o, mejor dicho, a donde desean que vayamos).

Dichas escaleras cuentan con tres estados: subiendo, bajando y fijo (apagado). Dependiendo de la necesidad, se elige la funcionalidad más óptima. Su base se encuentra en una plata inferior y su cabecera en la planta superior.

Nuestro crecimiento espiritual también se ejemplifica claramente con una escalera mecánica, muy parecida a la que mencionamos con unas ligeras modificaciones.
La base de la escalera se encuentra en en el punto espiritual más bajo posible (el nivel 50 de impureza [1]). La cabecera se encuentra en el nivel espiritual más alto posible (el nivel 50 de pureza [1]). Al nacer, somos colocados en un escalón de dicha escalera. Cual será dicho escalón depende de una compleja ecuación que incluye a nuestros padres, al entorno social y más variables [2]. Nuestro objetivo: subir todo lo que podamos.

A diferencia de la escalera del shopping, la escalera espiritual tiene sólo dos estados posibles: subiendo y bajando. En lugar de tener un tablero de control, cuenta con sensores de movimiento. Cuando nosotros subimos, la escalera sube y si bajamos o dejamos de movernos, baja.

Esto se basa en el principio de desde el Cielo ayudan a la persona a lograr los objetivos que se propone (Talmud Babli Makot 10: y Ioma 38:). Quien trabaja para superarse, Hashem acelera su subida. En cambio, quién no trabaja en superarse, cada vez está más abajo y desde el Cielo aceleran su descenso.

Sabiendo esto podemos comprender lo que dice Reish Lakish (Talmud Ierushalmi, Brajot 68.): “El hombre abandona a Dios un día y Dios lo abandona dos”. Es como dos personas que están juntas y parten en direcciones opuestas. Caminaron un día, pero se encuentran a dos días de distancia uno del otro. La persona bajo un escalón y a ese le sumamos el escalón que bajó la escalera de forma automática al notar su descenso; resulta que la persona se encuentra dos escalones más abajo. No se trata de una multa Celestial sino de una consecuencia directa de nuestros actos.

Pero ¿qué pasa con quién piensa que se mantuvo en su lugar? ¿por qué la escalera lo lleva hacia abajo? ¿No debería contar es sistema con un estado neutro?

Usemos al un alumno universitario como ejemplo. Cada semestre dicho alumnos debe aprobar materias para sumar créditos. Una vez alcanzado determinado número de créditos, termina su cursada y recibe su diploma. Imaginen que dicho alumno comenzó el ciclo lectivo con 80 créditos. Durante el año priorizó otras cosas en desmedro del estudio al que dejo completamente desatendido, lo que lo llevó a no aprobar ninguna materia. Al finalizar el año lo consulta un amigo sobre la cantidad de créditos que tiene y le informa orgulloso que tiene 80. “Pero si 80 tenías al comenzar el año!”, le responde su amigo. “Es verdad, no gané créditos nuevos, pero tampoco perdí ninguno”.

Para no perder no hacía falta cursar todo un año. Podría haberse tomado un año sabático y tampoco perdía créditos. Pero uno cursa para sumar y, si no sumó, perdió el tiempo!

Dicho tiempo, es el valor más preciado con el que contamos. Cada instante es único e irrepetible. No aprovechar un instante es derrocharlo. Quién termina el año con los mismos méritos con los que empezó, lo que hizo fue perder oportunidades de crecer. Se espera que la persona de 14 años, este más refinado, maduro y desarrollado que a los 13. A los 15, más que a los 14 y así para toda la vida. Es por eso que quien piensa que “se mantuvo” en la escalera espiritual ya que está cumpliendo los mismos preceptos y tiene las mismas cualidades que hace un año; a fin de cuentas, lo que hizo fue desperdiciar tiempo. Es por eso que la escalera lo hace bajar.

Estamos en vísperas de un nuevo Rosh Hashana, un nuevo juicio, un nuevo balance. Quiera Hashem que podamos salir airosos y recibir todo un año más de vida, un año más de tiempo para aprovecharlo y continuar subiendo en esta especial escalera.

Ktiva bejatima tova le shana tova umetuka – Que seamos bien inscriptos y sellados para un año bueno y dulce.

Notas
[1]- Ver artículo: “Sobre conceptos y definiciones” (próximamente) Volver arriba
[2]- Ver artículo: “El punto de partida” (próximamente) Volver arriba