Información tóxica

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Tóxico
¿Tomarías clases con un docente de dudosa reputación moral? ¿Es posible disociar al emisor del mensaje que comunica? ¿Consumirías comida sin garantías sobre su buen estado pudiendo causarte algún daño? ¿Puede también la información dañar al receptor de la misma? ¿Da lo mismo acceder a una noticia por un medio u otro?

La producción de información crece de manera exponencial. Hace unos quince años, leí un dato curioso: “un solo ejemplar de la revista Times cuenta con más información que la que un ser humano promedio de la Edad Media, tenía acceso en toda su vida”. Una simple revista logra superar toda una vida! En este mundo “2.0″, de nuevas tecnologías y redes sociales, este dato ya es obsoleto. En segundos se producen cientos de millones de unidades de información. Los diarios se actualizan al instante y, gracias a las redes sociales y blogs, todos podemos ser reporteros, periodistas, y comunicadores. Pudiendo también ser los receptores de dicha información.

Por otro lado, vivimos en una sociedad en la que se aspira (o por lo menos se enaltece), la cultura y la ilustración de sus miembros. Como resumió Auguste Comte: “Saber es poder”. No hay nada de malo en informase y, más aún, debe hacerse sin ninguna clase de reparos. Es puramente positivo. Nos da “poder”.

Ahora bien, ¿qué clase de información se adquiere al leer una nota periodística? (leer es sólo un ejemplo, podría ser ver, escuchar, o cualquier forma receptiva). El periodismo teórico habla de descripciones certeras e imparciales de la realidad. ¿Puede esto materializarse? ¿Al leer las noticias, estamos realmente informándonos de lo que ocurrió o estamos siendo manipulados?

A lo largo de la historia, hubo grandes personajes encargados de transmitir mensajes. Un grupo de estos transmisores difundieron los comunicados Divinos a la humanidad. Quizás sean los primeros periodistas que se encuentran documentados. Ellos recibieron el nombre de neviim – profetas. Por lo general, eran personas de una refinación humana y cualidades excepcionales, justas y ejemplares. Pero nuestros sabios nos enseñan que sólo uno de ellos llegó a ser un comunicador como la teoría periodística lo dice. Una persona que logró, gracias a su humildad y devoción, anular por completo todo dejo de parcialidad y trasmitir el mensaje sin ningún tipo de interferencias. Este último fue Moshé Rabeinu. Su nivel profético es llamado aspaclaria meirá –visión diáfana; debido a la pureza de la transmisión del mensaje. Incluso personajes excelsos en sabiduría y cualidades humanas, de la talla de Shmuel, Irmiahu o Iejezkel (entre otros) quisieron pero no pudieron transmitir el mensaje Divino con tal pureza y exactitud (a pesar de ello, no se perdió la esencia del mismo, sólo se mezcló con la naturaleza humana de cada uno de ellos).

En el mejor de los casos, la noticia viene empapada de las opiniones de su autor, quién subconscientemente, vuelca su persona en su escrito. En otros casos, que son la mayoritarios, el autor lo hace adrede e incluye también la línea de pensamiento del medio de comunicación del que es parte.

Vemos entonces que, al acceder a una información, no estamos solamente permitiendo que se filtre en nosotros el contenido de la misma. Si no estamos atentos, también la forma de pensar y opiniones del autor entrarán en nuestra mente.

Entonces nuestra lectura debe ser mucho más puntillosa y activa. ¿El autor de la noticia tiene opiniones correctas? ¿Confío en él? ¿Quiero que sus opiniones influencien mi pensamiento? Al menos, ¿sé de quién es el autor?

Existe una ancestral costumbre entre los autores del pueblo judío de solicitar askamot recomendaciones de sabios reconocidos – para sus obras. Uno de los objetivos de las mismas es, justamente, saber cuán confiable es el autor y, en consecuencia, el contenido del texto que produjo.

Es correcto informarse pero necesitamos garantizar la verdad. Debemos activar nuestras defensas y aplicar nuestro pensamiento crítico. Para evitar que se acumule en nosotros una cantidad importante de esta información tóxica y termine creando una idea y opinión completamente tergiversada de la realidad, que afecte nuestra forma auténtica de ver las cosas.