Un mundial para salvar al mundo

por Jonathan Berim – Twitter: @JonathanBerim

Créditos: “Mundo Deportivo” de España

El mundial de fútbol es algo único. Cada cuatro años, el mundo se toma una pausa de su habitual rutina y casi todas las miradas se centran en una pelota de cuero rodando por el verde pasto de los lujosos estadios recién estrenados.

Adrenalina, suspenso, acción, rivalidad, fraternidad, sorpresa, miedo, decepción, alegría. Es una tormenta de sensaciones difícil de poder transcribirlas con precisión.

Un evento tan especial que no quise pasar la oportunidad sin escribir un comentario al respecto. Pensé en destacar la rivalidad pacífica que se vive entre naciones enfrentadas política y hasta militarmente. Pensé en tocar el tema de la hermandad y unión de grupos en pos de un objetivo en común. Pensé en analizar el sentimiento de pertenencia a una masividad humana. Pensé en varias cosas, pero hubo ayer una imagen que superó a todo lo anterior.

Se disputó el partido por el grupo H entre el seleccionado de fútbol de Colombia y sus pares de Japón. La selección nipona dio el batacazo y, contra todos los pronósticos, se impuso por dos tantos contra uno contra el conjunto sudamericano.

Este resultado de por sí fue una gran sorpresa, pero lo que más me llamó la atención fue ver el vídeo que se viralizó horas más tarde. En el mismo se ve a los japoneses, al terminar el partido, hacerse de bolsas de residuos y limpiar las gradas desde las cuales presenciaron el encuentro.

Es normal que el espectador de cualquier espectáculo acompañe el disfrute del mismo con el consumo de alimentos. Papas fritas, maníes, pochoclo (palomitas), gaseosas, panchos (perros calientes) están a la orden del día. Cada producto viene en su debido envase descartable, justamente para descartar luego del consumo. Todos estos “descartes” se convierten en uno de los grande problemas que afectan a la humanidad, la basura (del cual hablaremos en otra oportunidad).

Hay lugares destinados a arrojar dicha basura pero puede resultar algo engorroso acercarse a esos lugares en la mitad del encuentro. Es por eso que no son pocos los que deciden apoyarlos en el piso, bajo su butaca. Hasta ahí ningún problema. Pero, ¿qué pasa luego? La mayoría de las personas dejamos ahí la basura y sabemos que alguien vendrá luego a limpiarla (o no, pero de poco nos importa).

Esta clase de acciones son lo que yo llamo un “comportamiento no sustentable”. Imaginemos que pasaría si todo el mundo se comportará igual. Tendríamos: estadios llenos de paquetes de comida, playas llenas de plásticos, veredas llenas de papelitos y colillas de cigarrillo (para saber qué opina el judaísmo sobre este último, aquí les dejo el link), autobuses y aviones llenos de basura y hasta la pileta de la cocina llena de utensilios sucios. La lista es interminable.

Siempre está la excusa, consciente o inconsciente, de que hay otra persona que se va a ocupar.
Primero tengamos en claro que no es siempre así. No hay barrenderos en los caminos de hiking de las montañas o en las reservas ecológicas, para poner algunos ejemplos.
Segundo, hasta que llega el turno de dicha persona de limpiar ese lugar se pueden provocar grandes desastres. Una ciudad inundada porque la basura tapó los desagües, miles de peces muertos por el plástico que el oleaje del mar se llevó, personas accidentadas por resbalar al pisar desechos, otra triste vez que la lista se hace inagotable.

Créditos: Diario “El Comercio” de Perú

Tercero, en caso de haber un sistema que resuelve los desperdicios (puede ser una cuadrilla de trabajo, un asistente o hasta un robot), bastante ocupados ya están con los problemas habituales como para ser nosotros quien carguemos en ellos más responsabilidades.

En el judaísmo hay un precepto que engloba este concepto y se llama “bal tashjit” (no desperdiciar). Dios nos dio un hermoso mundo para que lo aprovechemos y disfrutemos. Pero este uso debe estar imbuido de un espíritu de conciencia social y respeto por los recursos que tenemos a disposición.

Dios nos regala el mundo entero y solo nos pide una cosa, que lo cuidemos. Tomemos el ejemplo de los ciudadanos japoneses los cuales contribuyeron con la limpieza del lugar que utilizaron y avancemos en ese rumbo.

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