Mitos y verdades: Las Tribus Perdidas de Israel

Mitos y verdades: Las Tribus Perdidas de Israel

Uno de los temas más hablados y menos sabidos de la historia y la tradición judía es lo ocurrido con las tribus perdidas de Israel. ¿Cuál es el origen de las tribus? ¿Cuántas son y cuántas se perdieron? ¿Cuáles quedaron? ¿A qué tribu pertenecen los judíos de la actualidad? ¿Volvieron o volverán los extraviados? Hoy #sale el esperado #hilo al respecto.

por Jonathan Berim (@JonathanBerim)

El pueblo hebreo tiene su origen en los patriarcas. El primero fue Abraham que tuvo dos hijos, Ishmael (padre de la nación árabe) e #Itzjak, el segundo patriarca del pueblo judío. Itzjak a su vez tuvo también dos hijos, Esav (padre del mundo occidental) e #Iaakov, tercero y último patriarca judío.

Cuando el patriarca Iaakov regresaba a la tierra de Israel luego de ser forzado al exilio para evitar que su hermano intentara matarlo, fue atacado por un ángel que no pudo superarlo. Como premio por su victoria recibió un nuevo nombre: Israel.

Iaakov tuvo 2 esposas llamadas: Lea y Rajel y dos concubinas: Bilha y Zilpá y con ellas tuvo 12 hijos (y una hija, Dina). Los hijos son: Reuvén, Shimón, Levi, Iehuda, Isajar y Zebulún; Iosef y Biniamín; Dan y Naftalí; Gad y Asher (respectivamente).

Antes de fallecer, Iaakov eleva a la categoría de tribu a los dos hijos de Iosef: Efraím y Menashé. Como el número de tribus siempre es doce, cuando se cuenta como tribus a Efraim y Menashé, se exceptúa a Iosef (el padre de ambos) y Leví (que toma un rol sacerdotal).

Estos doce hijos conformaron los “bnei Israel” que literalmente significa: “los hijos de Israel (Iaakov)”. Luego del aumento demográfico durante el exilio en Egipto, la salida de ahí y la recepción de la Torá, pasaron a convertirse en el pueblo de Israel (año judío 2448, 1313 AEC).

Si bien eran un sólo pueblo con un sólo líder, Moshé, seguían manteniendo la estructura de la división tribal. Cada tribu tenía: su presidente, su lugar designado en el campamento y durante los viajes y hasta su propia bandera. 

Luego de la travesía por el desierto y la muerte de Moshé, su alumno Iehoshua toma el mando y el pueblo conquista progresivamente la tierra de Cnaan (Israel) y reparten el territorio entre las tribus por medio de un sorteo. Esto sucedió en el Siglo XIII antes de la Era Común.

La tribu de Levi, designada al servicio comunitario, fue la única que no recibió una extensión de tierra y, en su lugar, recibió ciudades esparcidas por todo el territorio. Otra excepción fueron Reubén, Gad y la mitad de Menashé que se asentaron tiempo antes y en el margen oriental del río Jordán. 

En siglo IX (AEC) se establece la Monarquía Unida de Israel bajo el rey Shaul. La misma pasa luego al Rey David y de él a su hijo, Shlomó (Salomón). Tras la muerte de éste, el reino se fractura en dos: el norte, llamado Reino de Israel y el sur, Reino de Iehudá.

Esta fractura ya había sido profetizada por el profeta Ajia Hashiloní a Ierovam Ben Nebat, primer rey del Reino de Israel. Ajia tomó una túnica nueva y la partió en 12 trozos, representando a las tribus de Israel y le dio a Ierovam 10 pedazos. 

En el Reino de Israel estaban las tribus de Reuben, Shimón, Isajar, Zebulún, Dan, Naftalí, Gad, Asher, Efraim y Menashé. En el Reino de Iehuda estaban las tribus de Iehudá y Biniamin. La Tribu de Levi, quedó divida parte en cada reino.

El imperio Asirio se fue extendiendo y circa del año 575 AEC, bajo las órdenes de Tiglat-Pileser III y lo que comenzó como una revuelta judía, terminó con la pérdida de tierras y la caída y exilio de las tribus de Zebulún y Naftalí.

Luego, Shalmanaser V, otro emperador asirio, se apoderó de las tierras pertenecientes a las tribus de Rubén, Gad y Menashé, y exilió a sus habitantes. Finalmente, en el año 3205 (556 AEC – según la tradición judía; 722 AEC según los historiadores), el rey Sargón II de Asiria, completa el trabajo venciendo al Reino Norte, lo destruye y envía a sus habitantes al exilio

Este es el primer mito que surge al respecto: que este fue el final de las diez tribus y que todos los judíos de la actualidad somos descendientes de Iehudá, Biniamin y Levi (las tribus del Reino Sur).

Hubo a lo largo de la historia pequeñas migraciones como la ocurrida durante el reinado de Asa sobre el Reino de Iehudá, donde miembros de las tribus de Efraim, Menashé y Shimón huyeron del Reino de Norte al Reino Sur.

También hay hipótesis que sostienen que los asirios solo exiliaron a las elites de las diez tribus dejando al pueblo acéfalo y con una imposición impositiva altísima pero en la tierra de Israel.

Prueba de esto serían los textos asirios encontrados que dicen que exiliaron a 27.290 hebreos de Shomrón (Samaria), 13.250 del Galil (Galilea) y otro tanto de la margen oriental del Jordán. Si hubieran llevado a todos, sería motivo de orgullo y lo hubieran puesto por escrito.

Más aún, una vez destruido el reino norte y llevadas las tribus (o parte de ellas) al exilio, el profeta Irmiahu trae al Reino de Iehudá a miembros de cada una de las tribus exiliadas. Queda en discusión si trajo a algunas familias de cada tribu o a más de la mitad del total (Meguila 14b y Sanhedrin 110).

Se estima que todos estos movimientos provocaron que la población del Reino de Iehudá se incremente en un 50 por ciento en un período muy breve de tiempo. Por lo que quedaron representadas en el Reino Sur y los judíos actuales descendemos de TODAS las tribus.

¿Volverán las tribus perdidas? En el Talmud (Sanhedrin 10:5) hay una discusión sobre cómo interpretar un versículo y Rabí Eliezer deduce que retornarán y Rabi Akiva que no lo harán. Pero Rashi, Ran, Rambam y Radbaz explican que incluso Rabi Akiva, se refiere a la generación original pero los hijos si volverán. Bartenura dice que los que no volverán son los que en su momento decidieron no volver con Irmiahu.

¿A dónde fueron? El Talmud enumera varios destinos: Gozán y Jabur (Iebamot 16b); África (Sanhedrin 94a) y más allá del río Sambatión (Ierushalmi y Midrash) y los rabinos de la época se declaran conocedores de dichos lugares (Iebamot 16b).

Algunas opciones son: Gozán está al noreste de Siria, frontera con Turquía. Se encontró allí un documento que habla del rescate de una mujer llamada Dina, nombre típicamente judío.

El Río Jabur se ubica entre Irak y Turquía y el Río Sambatión en Sudán. Sobre este último hay muchas historias que destacan su relación con el día sagrado de shabat, de hecho, se supone que Sambation es una deformación de Sabatión, sabático.

Se cuenta que el único día en que el río no fluye y se podría atravesar es en shabat, pero como en dicho día no se puede viajar, las tribus permanecen atrapadas en donde están. Este cuento destaca que, a pesar del exilio, los hebreos de allí conservan las normas de la tradición judía.

Desde hace siglos que la búsqueda de las tribus está flotando en el ambiente. Hay algunos casos curiosos. El mismísimo Cristóbal Colon incluyó en su tripulación a un marino judío marrano llamado Luis De Torres, que hablaba fluidamente hebreo y arameo, para poder comunicarse con las tribus perdidas llegado el caso (1492).

Matteo Ricci descubrió en 1605 una pequeña comunidad judía (unas diez familias) en Kaifeng, China. Según escritos, los “Judíos de Kaifeng” construyeron una sinagoga en año 1163, durante la Dinastía Song del Sur, y la misma estuvo en pie hasta finales del siglo XIX.

En 1649, Antonio de Montezinos (Aarón Levi), viajero y marrano de Portugal, regresó a Europa con la idea de que había Tribus Judías Perdidas viviendo como nativos americanos en la Cordillera de los Andes en Sudamérica. El rabino Menashé ben Israel recibió con beneplácito la noticia y la consideró un presagio de la venida del Mashiaj.

Fue así que en ese mismo año, escribió y publicó en Ámsterdam su libro “La esperanza de Israel”, en español y latín, donde incluyó los relatos de Montezinos y fortaleció la teoría de que los habitantes nativos de América eran descendientes de las Diez Tribus Perdidas.

En India y Pakistán viven los llamados Bene Israel, que según su tradición llegaron hasta allí al ser exiliados de Israel. Mantienen algunas tradiciones judías y cada vez fortalecen más dicha identidad. El Jerusalem Post publicó en 2002 que un estudio de ADN reveló que son descendientes de la Tribu de Leví.

También en India se encuentran los Bene Menashé que relatan ser descendientes de dicha tribu. Los Pashtun, fundamentalistas musulmanes que residen en el norte de Afganistán y Pakistán, afirman ser descendientes de las diez tribus perdidas.

Los grupos que se consideran descendientes de las tribus están por todo el mundo: Ghana, Camerún, Ruanda, Papúa Nueva Guinea, Birmania, Japón, Estados Unidos, Nigeria, Perú y muchos lugares más.

Esta diáspora judía tiene una especial importancia para el Gran Rabinato, al punto que se designó al rabino uruguayo-israel, Eliahu Birnbaum a investigar estos reclamos de pertenencia. Su organización se llama Shavei Israel (Retornantes de Israel).

Muchos incluso han sido incluidos en los beneficios de la Ley del Retorno de Israel y se les permitió emigrar a dicho país; aunque el Rabinato les pidió que realicen el proceso de conversión ya que las pruebas y los estudios genéticos no terminan de ser concluyentes. 

El Gaón de Vilna enseñó que los conversos son almas judías perdidas que están tratando de encontrar su camino de regreso al pueblo judío. Este principio más la tradición con la que ya cuentan, son condimentos importantes a la hora de traerlos de regreso.

¿Puede un judío saber de qué tribu desciende? Los judíos que son cohanim o leviim, probablemente desciendan de la Tribu de Levi. Hay unas pocas familias que conservan un árbol genealógico lo suficientemente detallado que les permite saber de qué tribu son pero no es el caso de la mayoría.

Por último: ¿la división actual de ashkenazim y sefaradim está relacionada con las tribus? Materialmente no, ya que independientemente del origen, esta última clasificación surgió luego de la destrucción del segundo templo donde las tribus ya estaban mezcladas.

Pero si hay un paralelismo, las tribus y las divisiones actuales representan distintas formas judías de vivir. Había y hay más laboriosas y más intelectuales; más sedentarias y más nómadas; más guerreras y más pacíficas. Está es la base de todo: no hay que buscar ser todos iguales.

En su lugar, debemos buscar, cada uno a su manera y con sus características, aplicar lo que el judaísmo nos enseña para servir a Dios, desde la diversidad.

¡Que pronto podemos reunir a todos los exiliados de Israel!

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