Mitos y verdades: pedir perdón antes de Iom Kipur

¿Cuando debemos disculparnos con el compañero que hemos perjudicado? ¿Existe un momento propicio para tal acto? ¿Para qué debemos hacerlo?

por Jonathan Berim – Twitter: @JonathanBerim

Hay que reconciliarse con el prójimo en vísperas de Iom Kipur y el Shuljan Aruj (código judío de leyes) le dedica un capítulo entero al tema (el 606).

¿Es entonces dicha fecha la ideal? La respuesta es que no. Los problemas deben ser resueltos cuanto antes, inmediatamente si es posible. Pagar las deudas, pedir disculpas por las ofensas cometidas; en resumen: reparar cuanto daño se haya hecho (Mishna Brura 606, 1).

reconciliacionSi el tiempo pasó y el daño sigue vigente, la primera instancia crítica en la cual está indicado que se reparare es la víspera de Rosh Hashana. En
dicho dia, Dios juzga a todos los seres vivientes y no es nada positivo entrar al juicio con disputas pendientes con el prójimo.

Podemos encontrar esto en el Jaie Adam (regla 138, inciso 5): “que no espere la persona hasta Iom Kipur para resolver los problemas con su compañero, debe hacerlo antes de Rosh Hashana”. Así también escribe Rab Shlomo Gantzfried en el Kitzur Shuljan Aruj (capítulo 128, halaja 14).

La fecha límite es la víspera de Iom Kipur. Si increíblemente llegó a esa fecha con conflictos pendientes, tiene la obligación de resolverlos en ese día.

“Porque en este dia (Iom Kipur) ustedes serán perdonados de todas vuestras transgresiones”. Iom Kipur es un día sumamente especial con el poder único de facilitar el perdón por lo hecho durante el año. Pero para conseguirlo con respecto a lo hecho al semejante hay exigencias previas.

Primero que nada se debe resarcir el daño, en casos de robo u otro perjuicio, se debe devolver lo robado o cubrir monetariamente la pérdida (Rambam Hiljot Teshuba 2:9). Luego recién conseguir el perdón del prójimo por lo acontecido (Kaf HaJaim 606:7).

Quien llega a Iom Kipur con cuentas pendientes, no amerita ser perdonado del Cielo. Como bien lo ejemplifica rabeinu Iona Guerondi en su célebre Sharei Tshuba (Las Puertas del Retorno, puerta 1, principio 2, basado en Taanit 16a): equivale a sumergirse en la mikve (baño de purificación ritual) con un reptil (fuente de impureza) en la mano. La mikve no tiene efecto purificador sobre la persona que se sumerge en ella, si la misma sigue en contacto con la fuente de impureza. (ver Nota pureza e impureza en el judaísmo – próximamente)

Que podamos llegar libres de problemas al juicio Divino para salir airosos del mismo.

Ktiva veJatima Tova leShana Tova uMetuka – Que seamos inscriptos y sellados para un año bueno y dulce!

El cigarrillo y el judaísmo

¿Qué opina el judaísmo sobre el cigarrillo? ¿Acaso la Torá, de más de 3000 años, tiene un posición tomada respecto al tabaco? ¿Existe alguna contradicción entre practicar el judaísmo y fumar? ¿Hay dictámenes legales al respecto?

Para una mejor comprensión, les recomiendo leer previamente: La dinámica de la Halajá (Ley judía)

El cigarrillo y la civilización

El tabaco es oriundo del continente americano. Fue descubierto por los habitantes nativos y copiado por los colonos españoles, quienes lo llevaron al continente europeo en el siglo XVI. A finales de dicho siglo comenzó el escepticismo en la comunidad médica que declaró “considerar esa costumbre tan repugnante como dañina para la salud y para el cerebro, peligrosa para los pulmones”.

Alrededor del año 1825, comenzó la producción manufacturada del cigarrillos y el auge de su consumo. Esta expansión fue acompañada del apoyo de los médicos de la época que declararon al cigarrillo como positivo para la salud, alegando varias virtudes, entre ellas beneficioso para: problemas de piel, enfermedades gastrointestinales y enfermedades respiratorias. Todo esto sin ninguna evidencia científica.

Luego las guerras aceleraron su expansión hasta llegar a la cima a finales del siglo XX. En paralelo, se fueron descubriendo y comprobando los efectos nocivos para la salud que se sospecharon en un principio.

Las evidencias se hicieron innegables. Al punto que, a finales del siglo XX, la Organización Mundial para la Salud (OMS), calificó al tabaquismo (la adicción al tabaco) como epidemia. Los datos reflejan la gravedad de la situacion:

  • El tabaco mata a casi 6.000.000 de personas por año (unas 16.500 por día) – OMS
  • Un 10% de los muertos por tabaco son consumidores pasivos (hijos de padres fumadores, compañeros de clase y demás personas expuestas al humo del cigarrillo) – OMS
  • En 5 años el tabaco causará más muertes que: el sida, la tuberculosis, la mortalidad materna, los accidentes de vehículos, el suicidio y el homicidio, combinados
  • El 90% de los cánceres de pulmón están provocados por el tabaco.
  • El tabaco provoca la aparición de enfermedades graves (cáncer, colesterol, problemas cardiovasculares, adicción, bronquitis, diabetes, ceguera, aborto y más)
  • Está comprobado que los efectos perjudiciales para la salud comienzan incluso fumando sólo un cigarrillo por día (estudio de Kjell Bjartveit y Tverdal para el Servicio Nacional de Salud de Noruega, “Health consequences of smoking 1-4 cigarettes per day”. Tobacco Control 2005;14:315-320)
  • Se estima que cada cigarrillo acorta 11 minutos la vida del fumador (Ministerio de Sanidad Español)

Es por eso que la OMS y cientos de países ya están implementando distintas políticas para frenar o, al menos, reducir dicha epidemia y su impacto sobre la sociedad.

La Torá y la salud

Existe una mitzvá de la Torá de cuidar la salud que se aprende del versículo: “Y cuiden muy bien sus almas” (Vaetjanan 4:15). Rambam (Maimónides  – Hiljot Deot 4:1) dice: “Tener un cuerpo sano e integro es parte del camino Divino, por lo tanto, la persona debe alejarse de todo lo que deteriora su salud”.

Así está establecido en el Shulján Aruj (Joshen Mishpat Cap. 427 basado en Mishné Torá, Leyes sobre asesinato y cuidado del cuerpo – Cap. 11): “Muchas cosas prohibieron nuestros sabios por se perjudiciales para la salud y quien las transgrede diciendo que no desea cuidarse debe ser forzado a abstenerse de dicha conducta”.

El veredicto halájico

Como explicamos, los dictámenes halájicos se basan en la ciencia del momento. Si la ciencia se encuentra errada, puede llevar a un “error por arrastre” a los legisladores judíos (que se enmendará con el avance científico). Es así como encontramos que Rab Iakov Iehushua Folk en el año 1750, se pronunció a favor del cigarrillo (al igual que otros poskim -legisladores- de la época); haciendo hincapié en sus virtudes para la salud (Pnei Iehoshua Shabat 39:, Korban Netanel Beitza Cap. 2 22:10).

A medida que la ciencia fue probando los perjuicios causados por el tabaco, también fue cambiando el enfoque de los legisladores.

A principios del siglo XX ya los médicos advertían que fumar es perjudicial para la salud en personas débiles o enfermas. Es así como nos encontramos con la opinión de la autoridad más grande de su generación: Rab Israel Meir Kagan, el Jafetz Jaim: “quien es dañado por el cigarrillo y continúa fumando tendrá que rendir cuentas en el Cielo” (Likutei Amarim 13).

Unos 50 años más tarde, ya se suponía que el cigarrillo era perjudicial para todas las personas y es ahí que nos topamos con la opinión de Rab Moshe Fainshtein (Ioré Dea 2, 49): “cómo no esta comprobado que es perjudicial pero es probable que sea, es recomendable no fumar (aún que no está prohibido hacerlo)”. En cambio, sobre drogas cuyo daño sobre la salud ya estaba comprobado, escribe Rab Moshe: “Es obvio que está prohibido por varios incisos de la Torá: (…) provocarse una adicción (que es más grave aún que la adicción del “hijo rebelde” cuyo problema era con la comida y la bebida), falta en la honra a los padres, falta en el precepto de “Ser consagrados” (Ramban). En conclusión, es de las violaciones más graves que se pueden transgredir y se deben hacer todos los esfuerzos posibles para erradicar estas costumbres del pueblo de Israel” (Igrot Moshe Iore Dea 3 35). Casi no quedan dudas que está sería la respuesta de Rab Moshe Faishtein al cigarrillo con las evidencias que contamos al día de hoy.

Pero no hace falta especular. En el año 1982, el Dr Eli Schussheim (hijo de sobrevivientes del Holocausto, doctor en medicina graduado en 1963 en UBA, radicado en Israel desde 1964, cirujano especialista, director de la organización Efrat), le presentó los estudios actuales sobre las consecuencias del cigarrillo a Rab Eliezer Waldenberg (de los principales legisladores del final del siglo XX, Juez del Tribunal Rabínico Supremo de Israel y Rabino del Hospital Shaarei Tzedek de Ierushalaim). Su extensa respuesta figura en su gran compendio de responsa halájica llamado Tzit Eliezer (15:39), pero en resumen: está terminantemente prohibido fumar y es muy probable que la prohibición sea de la Torá (y no rabínica). Quien esta cercano a un fumador tiene el deber de reprocharlo por el daño que esta causando a salud propia y a la salud de los que lo rodean.

Existen además decenas de pronunciaciones en contra del cigarrillo de diversos legisladores. Rab Aron Kotler, Rab Ben Tzion Aba Shaul (Jojma uMusar hoja 266), Rab Ovadia Yosef (Yejavé Daat 5 Pag. 181, Nota al pie y Halijot Olam 1 Vaikra 4), Rab Shmuel Wozner (Shevet HaLevy 10:295), Rab Yosef Shalom Elioshiv (Kobetz mebakshei Tora Jeshban 5759 hoja 174), Rab Pinjas Shainberg y más. Cada quien puede ahondar en el tema a gusto.

Conclusión

Hemos comprobado que fumar contradice las normas del judaísmo. Quien desea practicar la forma de vida judía, debe evitar el cigarrillo. Lamentablemente, muchos aún fuman porque ignoran este inciso legal. Otros han caído hace tiempo presas del vicio y aún no encuentran las fuerzas necesarias para salir de él.

Debemos aportar nuestro grano de arena en la lucha contra el tabaquismo. Cada uno desde su lugar: dejando de fumar, concientizando a quienes ya fuman, asistiendo a quien está preso de la adicción para conseguir ayuda y previniendo que más gente caiga en esta adicción.

Quiera Hashem que pronto se erradique esta epidemia de la faz de la Tierra.

Epílogo

Escuchado de una persona observante del judaísmo en el barrio de Ramat Shlomo de Ierushalaim.
Haciendo dedo en Israel subí a un auto donde escuché el siguiente fragmento de la conversación entre el chófer y su acompañante:
“Hace un par de años, en vísperas de pesaj, le pregunté a mi hijo que quería de regalo para el afikomán (el trozo de matzá que los niños acostumbran a buscar). Mi hijo, de siete años en ese momento, me respondió: ‘papi, quiero que dejes de fumar’. Le dije: ‘No, en serio te digo, quizás una bicicleta u otro juego que te guste’. Me respondió con toda sinceridad: ‘En serio, papi, quiero que dejes de fumar’. Como vi que le importaba tanto, me comprometí con él a no fumar durante la semana de pesaj.
Al final de la fiesta, se me acercó y me dijo: ‘Está por terminar pesaj y vos volverás a fumar, ¿no?. ¿Quiere decir que el fumar es para vos un ietzer hará (tendencia mala) tan fuerte que sólo podes abstenerte por una semana?’. Me dejó pasmado. Uno trata de inculcar en los niños la filosofía y forma de vida judía, enseñarles que estamos en este mundo para superar el egoísmo y las tendencias negativas, trabajar sobre nosotros y ser cada vez mejores. Contrario a eso, con mi actitud le estoy enseñando a mi hijo que la mala inclinación sólo puede ser superada por un breve período de tiempo.
Fue así que me comprometí con él a no tocar ni un solo cigarrillo hasta el pesaj siguiente.
Cumplí con mi compromiso y, ya cerca del siguiente pesaj, mi hijo volvió sobre el tema: ‘pa, está por llegar pesaj, llega el fin de tu compromiso. ¿Eso quiere decir que el ietzer hará es tan fuerte y persistente que sin importar cuánto uno se esfuerce, a la larga siempre termina fracasando?’.
En ese momento tomé conciencia de lo contradictorio de mi accionar con la forma de vida y la educación judía que elegí para mi y mi familia. Y dejé el cigarrillo.
Ya pasaron 2 años y, ¿sabes que? Me siento mucho mejor, me canso menos, me di cuenta que la gente se alejaba de mi por el desgradable aroma que tenía y, como si fuera poco, tengo una cuenta de banco con 40.000 shekel (10.000 dólares) que ahorré por dejar de gastar en cigarrillos!”

Jonathan Berim
Twitter: @JonathanBerim

 

Uno de los anuncios de ‘Truth’ la campaña anti tabaco más efectiva de la historia

Un servicio extraño

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Vara de Esculapio

Cuenta la Torá que cuando partieron de Hor HaHar por el camino del Iam Suf, rodeando la tierra de Edom, el pueblo se impacientó –a causa de la guerra con el Kenaaní, la muerte de Aharón y el andar en círculos por el desierto (Rashí)- y habló contra Hashem y Moshé diciendo: “¿Por qué nos han hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Ya que no hay pan ni agua y nos hartamos del alimento insustancial –Mán-” (capítulo 21). Fue como castigo por este comportamiento que Hashem mandó sobre el pueblo serpientes venenosas que mataron a muchos. Moshé hizo Tefilá a Hashem pidiendo por el cese de la plaga y le fue encomendado el forjamiento de una serpiente de cobre la cual debía ser colocada sobre un poste; “Y sucederá que todo el que haya sido mordido mirará la serpiente y vivirá”.

Dice la Guemará en Sanedrín capítulo ‘Ben Sorer uMoré” (74a): “Sobre todos los pecados se aplica la regla de ‘infríngelos pero no seas asesinado’ salvo en: Avodá Zará –idolatría-, relaciones prohibidas y derramamiento de sangre”. Esto nos enseña la gravedad de estos tres ‘pecados capitales’ que, en caso de tener que elegir entre transgredirlos o entregar la vida, se debe optar por esta última opción.

Es difícil de entender entonces el mandamiento de Di-s al pueblo en el desierto de mirar una estatua colgada de un pedestal para curarse. Todo en la Divina Torá tiene su clara y entendible explicación. Explica Rashí al respecto (basado en Rosh HaShaná 29a) que todo el objetivo de la estatua era que el pueblo oriente su mirada hacia arriba y sometan sus corazones a nuestro Padre Celestial. “No es el escorpión el que mata sino el error cometido por la persona” (Berajot 33a); la introspección de la persona y su arrepentimiento era lo que los salvaba.

Cuenta el Tanaj (Melajim II, capítulo 18) que, transcurridos más de 7 siglos de este incidente en el desierto, el pueblo de Israel conservaba a esta ‘serpiente curativa’ a la cual le atribuían fuerzas sobrenaturales y adoraban llamándola ‘Nejushtán’. El justo rey de Iehudá, Jiskiau, debió destruirla ya que fue completamente tergiversada su función.

La forma de vida encomendada por la Torá es perfecta y está llena de contenido pero requiere de mucho estudio y dedicación, la aplicación de la misma como es debido. Un pequeño desconocimiento de algún concepto puede hacernos atravesar la delgada línea que separa el servicio divino de la, extremadamente grave, Avodá Zará.

Al perder los Iehudim el verdadero objetivo de la serpiente de Moshé, que era el retorno a Di-s, de nada servía que se curen milagrosamente. Las cosas se hacen de (o se encaminan hacia) la forma correcta o no se hacen. Se cumple la voluntad divina o se cae en un culto completamente ajeno al judaísmo.

Existen al respecto cientos de costumbres sagradas que, por el paso del tiempo y la falta de estudio adecuadas, se realizan sin un sentido profundo y santo o se tergiversan completamente.

Hay una santa costumbre de prender velas en honor de personas fallecidas. Esta costumbre tiene su base en la Halajá y su apoyo en el Pasuk que dice “La vela de Di-s es el alma de la persona” (Mishlé 20:27). Pero creer que la vela logra que el alma ascienda es considerado Avodá Zará. Sólo Mitzvot y buenas acciones en nombre del fallecido logran este efecto. Entonces: ¿cuál es el fundamento del prendido de velas? Son los conceptos que nos enseñan las velas prendidas los méritos que logran el ascenso espiritual del alma del difunto. Estos conceptos son, entre otros: lo limitado de la vida en la tierra, buscar apegarnos a Di-s como el fuego que siempre se dirige hacia arriba y el aprovechar nuestro potencial para iluminar a los demás.

Continuirá …

El pueblo elegido – ¿Una raza superior?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Mafalda y la raza humana

¿Existen diferentes niveles entre los seres humanos? ¿Hay mejores y peores? ¿Existe, como plantearon muchos a lo largo de la historia, una raza superior?

En el folklore popular se dice que el pueblo judío se considera el pueblo elegido por D”s; y, cuando comenzamos a investigar, encontramos que estos conceptos surgen de la misma Torá. Dice D”s al pueblo de Israel (Itró 19:5,6): “(…) y serán para mi un tesoro entre todas las naciones. (…) un reino de ministros y un pueblo santo”.
Explica Sforno, basado en la Torá Oral, que D”s aprecia y valora a todas sus criaturas (insectos, reptiles, peces, aves, mamíferos); pero por la humanidad tiene un aprecio especial.

¿Igualdad o singularidad?
Del mismo versículo aprendemos que realmente existe algo que diferencia al pueblo judío. ¿En qué radica esa singularidad? “Somos más inteligentes” responderán algunos. “Vean el porcentaje de premios Nobel judíos, es mucho mayor al 0,02% que representamos los judíos de la cantidad total de habitantes del mundo”. “Somos más capaces”, dirán otros, “fíjense la cantidad de judíos en el ranking de los hombres más ricos del planeta de la revista Fortune”. Estos argumentos no tienen ninguna base científica. Existen no judíos más inteligentes, más sabios y más ricos. Entonces, ¿en qué radica la singularidad mencionada?

La respuesta está en la primer parte versículo antes citado: “y ahora, si escuchan diligentemente mi voz y guardan mi pacto (…)”.
Rashi, basado en el Talmud, explica que se refiere a observar la Torá. El Rambán, Najmánides, refuerza la misma idea: el pacto establecido por D”s con Moshé y el pueblo de Israel al recibir la Torá.
La concepción de pueblo elegido radica pura y exclusivamente en el rol asumido al aceptar la Torá. La misma es el manual de instrucciones que nos indica los consejos Divinos para vivir mejor y sacarle todo el provecho a este mundo en donde nos toca vivir.

No son ideas para guardar en secreto. Nuestra misión es aplicarlas y transmitirlas al mundo entero. Fuimos elegidos como maestros del mundo. Los encargados de transmitir los valores espirituales a toda la humanidad.
¿Somos mejores? De ninguna manera.
Nos distingue una misión. Destaquémonos por llevarla a la práctica.

Mitos y verdades: Pasar la sal de mano en mano

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim )

Salero y pila de sal

Es una polémica muy frecuente en cualquier mesa. Uno pide la sal y exige que la misma sea apoyada en la mesa como condición excluyente para poder agarrarla.

“Está prohibido pasar la sal de mano en mano”, “No se puede”, “¡Jaram!”.

El judaísmo en sí no es una religión, sino una forma de vida. Está repleto de minhaguim –costumbres- y legislaciones que regulan la vida del iehudí. Todas y cada una de ellas cuanta con su razón de ser y que, según la profundidad de la explicación, es más o menos entendible por todos.

Cada uno debe aferrarse a las costumbres del Pueblo de Israel (cada uno siguiendo las particularidades de su propia ascendencia) tanto como se respetan las leyes (“minhag Israel halajá“ – un costumbre aceptada por el pueblo de Israel adquiere el status de ley).

El problema aparece cuando alguna costumbre ajena (social o religiosa) empieza a filtrarse en la práctica diaria del judaísmo (sin la aprobación de los líderes espirituales de la generación). Luego de un tiempo, y por culpa de la ignorancia, la misma se aferra tanto que es muy difícil de quitar del subconsciente colectivo. De ahí surge el juego de palabras que puntualiza que las mismas letras que conforman la palabra ‘minhag’ –costumbre- forman la palabra ‘guehinam’ – infierno.

El no pasar la sal de mano en mano no es más que una filtración externa del estilo que mencionamos. Su origen (no judío, claro está), se remonta a la a la Antigua Grecia y su sucesor en la lista de potencias dominantes, la República (y posteriormente Imperio) de Roma.

La sal era un producto de suma importancia que, además del actual uso como condimento, era empleada para preservar comida, rituales religiosos y sociales y como antiséptico. Todos estos factores hacían de la sal un articulo codiciado y, por lo tanto, valioso. Sumado a esto su carácter imperecedero y su fácil fraccionamiento, hizo de la misma un muy buen sustituto de la moneda corriente, por lo que se pasó a realizar gran parte de las transacciones en sal.

Para evitar los conflictos por eventuales pérdidas de sal en el pasa-manos de la misma, se impuso la norma de ‘apoyar la sal’. Quién pagaba ponía la sal en la mesa y el receptor la agarraba de la misma, así cada uno se responsabilizaba por su acción y no podía perderse la sal en la mitad con culpabilidad confusa. Increíblemente, esta norma llegó hasta nuestros días en los que no tiene ningún sentido.

¿Siguen creyendo que está prohibido pasar la sal de mano en mano? ¡Por favor!