Las redes sociales y las cuatro especies

Las redes sociales forman parte integral de la vida de la millones de personas. ¿Alguna vez nos pusimos a analizar sus consecuencias? ¿Pueden las cuatro especies de #sucot esconder un secreto para ayudarnos a manejar el asunto? #TheSocialDilemma #ElDilemaDeLasRedesSociales

por @jonathanberim

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El mundo pone a nuestra disposición herramientas y las mismas no suelen ser intrínsecamente buenas o malas. Es el usuario quien les da sentido. Un cuchillo puede cortar la comida y una piedra puede convertirse en parte de una pared pero también puede ser usados para agredir. 

El desarrollo tecnológico nos permite constantemente contar con herramientas cada vez más poderosas. Pasamos de andar a pie a montar animales, de los carruajes a los automóviles, de los aviones a hélice a las naves espaciales. 

Pero el avance de la informática es exponencial y supera a todos los demás progresos de la humanidad. Tiene una velocidad que hace muy difícil tanto la predicción como la adaptación a los mismos. 

Parte de este avance son las redes sociales que, como su nombre lo indica, lograron conectar personas y producir contenidos a un nivel nunca antes visto en la historia. Esto permite desde reencontrarse con amistades hasta convertirse fácilmente en comunicador. 

Esta democratización del desarrollo de los contenidos también tiene su contracara que son las llamadas #fakenews, que van desde las teorías conspirativas hasta “consejos” que pueden poner en riesgo a la salud (ya hablamos de esto en Un aporte rabínico al coronavirus)

Otro problema es la cautividad que generan en el usuario. La primera generación de teléfonos móviles simplemente sonaba cuando otra persona intentaba hablar con nosotros. La segunda agregó los mensajes de texto. Hoy los aparatos pasan más tiempo atrayéndonos que en silencio. 

La solución es poner fin a las notificaciones. Que seamos nosotros los que decidimos cuando ver el teléfono y cuando no hacerlo. No olvidar que YouTube, TikTok y WhatsApp también son redes sociales y debemos igualmente silenciarlas. Recuperemos el control. 

Por último está el problema de la polarización de la sociedad. El ser humano buscó siempre juntarse con personas y medios de comunicación afines a su forma de pensar. Pero la complejidad de la IA que está detrás de las redes ha potenciado esto a niveles estratosféricos.

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Esto provoca que estemos cada vez más convencidos y cerrados en nuestra forma de pensar. Que seamos incapaces de escuchar al otro con atención y empatía. (Pueden leer más al respecto en: Cerrando la grieta – En busca de las paz).

Un hombre citando al Talmud le planteo al Jafetz Jaim, hace más de un siglo, que en la era mesiánica todos serán justos o malvados. De ser así, le dijo esta persona al rabino, es más fácil que los pocos justos se hagan malvados a lograr que todos los malvados corrijan su conducta.

El Jafetz Jaim le respondió que estaba arribando a una conclusión errónea por malinterpretar la fuente. La cita no cuenta cuál será la causa de la era mesiánica sino que describe una característica de la misma: el extremismo ideológico. Justamente el tercer problema de las redes. 

Durante la festividad de sucot (cabañas), rige el precepto de habitar en la #suca. La misma es llamada “sucat shalom”, la cabaña de la paz que es uno de los objetivos a alcanzar tanto en esta celebración como en a vida misma y está se logra mediante el precepto de las 4 especies. 

La Torá nos encomendó atar un etrog (citrón), un lulav (rama de palmera datilera), tres adasim (ramas de mirto) y 2 aravot (ramas de sauce) y tomarlos juntos. Esta mitzvá se cumple los 7 días de las festividad llegando al cenit en el día de Hoshaná Rabá.

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El midrash da una explicación muy interesante: el gusto representa a la sabiduría y el aroma a las buenas acciones. El etrog tiene gusto y aroma, el dátil tiene gusto pero no aroma, el mirto tiene aroma y no gusto y el sauce no tiene ninguna de las dos características. 

Es así que estas cuatro especies (en hebreo #ArbaatHaminim) representan a todos los seres humanos: sabios que realizan buenas acciones, sabios que no se comportan adecuadamente, ignorantes que realizan buenas acciones e ignorantes que no se comportan adecuadamente. 

Para conseguir la paz debemos integrar a todos. No se trata sólo de tolerancia, es más que eso, es unión. Todos juntos entre sí sin importar las diferencias que podrías llegar a separarnos. 

En el Talmud encontramos dos escuelas filosóficas enfrentadas: Bet Hilel y Bet Shamai. Ambas eran igual de eruditas y prestigiosas pero la ley es dictaminada como la opinión de Bet Hilel. Nuestros sabios se preguntan el motivo de dicha aparente arbitrariedad. 

La respuesta que nos legaron es que se debió a que Bet Hilel siempre “adelantaba la opinión de Bet Shamai”. ¿Qué quiere decir? Que se detenían a analizar con sumo detalle la opinión del adversario (Iruvin 13). Sólo luego de encontrar incongruencias, recurrían a su propia teoría. Es esta grandeza y actitud ejemplar la que los puso en el primer plano a la hora de encontrar la verdad y dictaminar la ley.

Apliquemos esta idea a las redes sociales: no debemos seguir sólo a quiénes tienen pensamientos afines a los nuestros. Para crear concordia debemos seguir justamente a quienes piensan diferente. Leerlos con atención y ponerse en el lugar del otro. Esto no necesariamente va a cambiar nuestra cosmovisión de la realidad pero si va a enriquecernos intelectualmente y a acercarnos al prójimo. 

Este es el camino para construir entre todos la tan ansiada “cabaña de la paz”.

¡Jag Sameaj!

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