Éxodo: De la pantalla grande a la mesa del comedor – Seder didáctico

¿Como lograr que el seder de pesaj haga efecto en nosotros y nuestros hijos? Para pesaj nos preparamos como nunca: limpieza, ropa, utensilios, comida, dónde y con quién compartir la comidas pero, ¿qué pasa con lo más importante? ¿tomamos en cuenta la parte educativa?

Cuando una persona va al cine, sale lleno de sensaciones. Por dos horas se abandona el mundo real para sumergirse en el relato del director. Se siente lo que él estableció, se piensa lo que él quiere que pensemos y hasta se tararean las melodías que él eligió para su obra. Y, en ocasiones, este efecto se propaga en el tiempo. [Quizás sea esta un de las razones del éxito del séptimo arte, un escape para evitar encontrarse con uno mismo.]
Quién vio la superproducción de Hollywood sobre la salida de Egipto, prácticamente se sintió esclavizado, sintió las plagas, vivenció la liberación e incluso cruzó el mar Rojo (y todo sentado en una cómoda butaca!).
¿Qué pasa, en cambio, al terminar el seder de pesaj? ¿Qué sensaciones nos acompañan? Aún más importante ¿qué se llevan nuestros hijos?
La experiencia debe ser ampliamente más significativa que una película. El seder de pesaj contiene la esencia misma de la educación judía y no puede pasar desapercibido.

“Y le contarás a tu hijo en ese día [de la fiesta de pesaj] diciendo, es por esto [las mitzvot de la fiesta] que hizo Dios por mí cuando salí de Egipto” ( 13:8). De este versículo se infieren muchas enseñanzas. Analizaremos dos de ellas para llegar preparados a la mesa del seder.

Una de ellas, es la mitzvá de relatar el éxodo de Egipto en la noche del seder y que todo que el aumenta en el relato es alabado (Hagadá de Pesaj; Mishné Torá, Halajot Jametz UMatzá, Capítulo 7 y 8).

En el versículo citado, hay una aparente contradicción. Por un lado sabemos que la Torá nos habla a nosotros; por otro lado: ¡ninguno de nosotros fue realmente esclavo en Egipto! De aquí se aprende que debemos sentir que nosotros mismos salimos a la libertad, en primera persona (Pesajim 10:5, Pirush haMishnaiot shel haRambam). ¿Cómo se logra esto? Empapándonos de conocimiento sobre la vida de nuestros antepasados cautivos. No alcanza con saber leer y traducir el texto de la hagadá, debemos dedicar suficiente tiempo en la víspera de pesaj al estudio de lo que ocurrió para poder interiorizarlo y luego transmitirlo.

Una vez adquirido el conocimiento, nos embarcamos en la tarea de transmitirlo. Tenemos que conocer bien al público para poder preparar algo a su medida. Los oyentes son muchos pero es aconsejable poner el foco en los niños presentes (“Le contarás a tu hijo“). Debemos programar (¡nada de improvisar!) el seder en función de ellos. No todos los niños son iguales, varían en edades, capacidades e intereses. Hay que decidir que se va a contar y qué no, no todo es explicable para cierta edad y hay temas que interesan más que otros. Hay que programar como se van a transmitir las cosas, material visual, muñecos, juegos. También debemos elegir las palabras correctas, no se requiere una presentación académica, se requiere que lo que contemos produzca un efecto en los oyentes.

Makot (plagas) interactivas, armadas por mi esposa, para el pesaj pasado.
Makot (plagas) interactivas, armadas por mi esposa, para el pesaj pasado.

Si le dedicamos a estos preparativos, el tiempo adecuado; nuestro seder va a ser mucho más efectivo y perdurable que cualquier otra cosa.

Pesaj kasher besameaj!

Jonathan Berim
Twitter: @JonathanBerim

Preguntas: El secreto para un correcto aprendizaje

 

Existe en el mundo de la Torá, una frase muy difundida que es: “Una buena pregunta, es la mitad de la respuesta”. ¿Cuál es el sentido de esta frase? ¿Existe entre la pregunta y la respuesta una relación mayor a la simple conexión que establecen en cualquier diálogo?

En esta frase radica uno de los principios básicos para la educación del ser humano y la incorporación de nuevos conceptos. Igual que en la construcción física es necesario cavar cimientos para luego, construir con estabilidad; el cerebro humano necesita poder asimilar la pregunta como propia para poder después, aprehender la respuesta. Una “buena pregunta”, una pregunta cuya inquietud pasa a ser ‘mi’ inquietud; lleva a anhelar mucho más el encontrar la respuesta. Permite disfrutarla en mucho mayor grado y que la misma perdure en el tiempo en nuestra memoria.

Es esta una de las ventajas del estudio de la forma en que lo plantea el Talmud. No sólo es cuestión de encontrar las respuestas sino de entender y asimilar en cada paso de la discusión las preguntas que van surgiendo.

Por el contrario, la falta en la aplicación de la idea en cuestión, conlleva a distintos problemas en el aprendizaje que podemos ver en la educación tradicional. En ésta última, el docente se convierte en un emisor de información y los alumnos, por la obligación de progresar en el sistema, deben pasivamente captar la mayor cantidad de la misma y recordarla (por lo menos hasta el examen). Reciben las respuestas a preguntas que nunca tuvieron y, por lo tanto, no suelen aprender los conceptos a largo plazo.

Con los conocimientos, al igual que con los placeres en general, el vacío previo, la falta, y el deseo, llevan a un mayor disfrute a la hora de conseguir la completitud buscada.

Existe la mitzvá (precepto) activa de narrar la salida de Egipto en la noche de Pesaj y este relato debe realizarse mediante la pregunta y respuesta. Los hijos preguntan, los padres responden. ¿Y si alguien no tiene hijos? La esposa pregunta, el marido responde. ¿Y si uno se encuentra solo? En ese caso, él mismo debe realizar las preguntas y luego contestarlas. Rav Jaim Shmulevich (Sijot Musar 5731 97) enseña en base a esto la importancia de las preguntas; son las preguntas la forma de despertarse y inquietarse. Ante un concepto (independientemente de la novedad que implica) el sistema de pregunta y respuesta permite incorporar la totalidad del mismo.

Hoy en día, lamentablemente, es mucha la gente que vive por inercia. No busca ser intelectualmente activo sino transigir con la realidad de la forma menos llamativa posible. No es esto lo que quiere Dios de nosotros. Nos dotó de inteligencia para que, en la medida de nuestras aptitudes, busquemos aumentar nuestro conocimiento y vivir acorde al mismo.

El judaísmo en sí es una forma de vida llena de sabiduría y respuestas a los distintos interrogantes que la vida plantea. Depende de nosotros dar el primer paso haciendo (y/o asimilando) las preguntas.

Jonathan Berim
Twitter: @JonathanBerim

‘Prólogo del Traductor’ del libro ‘Preguntas’ que, B”H, será publicado pronto por BerimArts.

Purim: Cuando la mente nos juega en contra

¿El pueblo del libro incita a embriagarse? ¿Puede ser purim más especial que Iom Kipur? ¿Que tiene purim de especial? ¿Cómo se logra?

El pueblo de Israel cuenta con decenas de elementos distintivos. Es inconcebible disociarlo de la menorá, la kipá, la alcancía de tzedaká, los tefilín, la mezuzá, la sinagoga y tantos otros. Pero hay un elemento en particular que los supera a todos y, de hecho, es la base de la existencia misma de dicho pueblo (y por lo tanto, de todos los otros símbolos). Estamos hablando de la Torá y su estudio. Se nos ordenó profundizar en ella, día y noche todos los días de nuestra vida.

Es por ella que nos ganamos el nombre de “el pueblo del libro”. Un grupo de personas que son inseparables del estudio y la lectura. Que hicimos y hacemos del intelecto y la sabiduría nuestros más fieles compañeros. La mente es nuestro principal aliado en la vida.

Este aliado es extremadamente poderoso. Nos es facíl estar atentos constantemente y haciendo trabajar al cerebro en toda situación. Igualmente, debemos aprovechar todo lo que podamos. La mente es nuestro mejor aliado para el crecimiento personal y el aprovechamiento de nuestro enorme potencial.

Esto aplica a todos los días del año y todos los años de nuestras vidas. Con una sola excepción: la fiesta de purim.

En esta fiesta encontramos uno de los preceptos menos entendible de toda la Tora. “Debe la persona embriagarse en purim hasta perder el discernimiento entre ‘maldito Hamán‘ y ‘bendito Mordejai‘ “ (Meguila 7:; Shuljan Aruj Oraj Jaim 695:2). Aún más sorprendente es lo dice el Shela Hakadosh en nombre del Ariza”l (Tora Shebijtav, Tetzave, Zajor 2): purim es el día del año que permite el mayor crecimiento espiritual, incluso mayor que Iom Kipur y ésta elevación se logra por medio del cumplimiento de la mitzvá de beber “hasta no saber”.
[ ADVERTENCIA: la mitzvá indica tomar un poco más de lo habitual y luego dormir, dormido se cumple con la falta de discernimiento. Siempre con la precaución de conducirse adecuadamente y que todo sea hecho con las intenciones correctas. Si puede llegar a perder el control o dañarse, no debe beber en absoluto. (Kitzur Shuljan Aruj 142:6) ]
La borrachera logra más que el ayuno y la teshubá. ¿Cómo es esto posible?

Rab Jaim Shmuelevitz desarrolla el concepto en profundidad (Sijot Musar 5731:52). La capacidad intelectual, con toda su grandeza, llega a un punto donde resulta perjudicial.

El rey Jizkiahu enfermó y recibió la visita del profeta Ieshaiahu, quién le comunicó que moriría física y espiritualmente ya que decidió no cumplir la mitzva de tener hijos. El rey replicó que su decisión fue justificada ya que vio por profecía que tendría hijos malvados.
No cumplir el mandamiento es grave pero no corresponde una pena tan severa por eso. La gravedad de su accionar fue que uso su mente para eximirse por completo de su obligación.
Este gran aliado, el intelecto, que tenemos como herramienta jugó en su contra.

Veamos otro ejemplo donde la racionalización produjo uno de los errores más graves de nuestra historia cuyas consecuencias negativas sufrimos hasta día de hoy.
Hashem prometió al pueblo de Israel, aún en el desierto, que conquistarían la Tierra de Israel y se apropiarían de los tesoros que allí se encontraban. El pueblo se preocupó: ¿y si los habitantes de la Tierra esconden tan bien sus tesoros de forma que no sea posible encontrarlos? ¡No podremos cumplir con la promesa Divina! Así fue que, en aras de Dios y con la pura intención de santificar Su nombre, le pidieron a Moshé enviar espías que registren los escondites de dichas riquezas.
Un error de cálculo bien intencionado desencadenó las peores desgracias sobre el pueblo judío.

Si bien debemos usar nuestra capacidad intelectual constantemente, existe un ámbito donde debemos anulara: cuando interfiere con una instrucción Divina. Es ahí que debemos aplicar la cualidad de la humildad y sumisión y acatar la Voluntad de Dios. Como dice el pasuk: “Conoce al Dios de tu padre y sirvelo” (Divrei Haiamim I 28:9); primero debemos aprovechar el intelecto para acercarnos a Él pero luego debemos simplemente servirlo, con confianza simple y plena.

Por la noche era el banquete. Estaban invitados príncipes y nobles de distintos reinos. El príncipe se estaba preparando para asistir cuando recibió la visita del rey que le dijo: “pase lo que pase esta noche, no te quites la camisa”. Lo escuchó y sin entender de que se trataba, se comprometió a cumplir la orden real.
Por la noche, ya en banquete se acercó un noble y le apostó doscientas de monedas de oro a que tenía una mancha de nacimiento en la espalda. El príncipe lo ignoró pero luego de mucha insistencia y sabiendo que tenía las de ganar, acepto la apuesta. El padre no se iba a enojar cuando aparezca con el nuevo tesoro ganado tan fácilmente. Apostaron, descubrió su torso y ganó el dinero.
Regresó muy contento a su palacio y se encontró con su padre furioso. “¿No te transmití una orden directa y específica?”, arremetió el rey. El príncipe muy confiado le contó lo que pasó y le mostró la adquisición nueva para el tesoro real. El rey le respondió: “yo aposté con este noble mil de monedas de oro a que no iba a lograr desvestirte durente el banquete. Tu falta de obediencia le hizo perder al reino 800 monedas de oro!”.
La sumisión a la orden del rey era todo lo que hacía falta.

Incluso cuando se profundiza en los motivos de las mitzvot, es sólo para facilitar su cumplimiento. Pero el motivo principal de cumplirlas debe ser, como escribe el Rambam (Hiljot Melajim, final del capítulo 8): “Que las realice porque Dios lo ordenó en la Torá (…) pero no por su aspecto racional”.

Este es el nivel que el pueblo alcanzó al recibir la Torá, “Naasé venishmá” – haremos incluso sin entender. Que Dios lo pida es suficiente.

El vino logra opacar el intelecto y que no interfiera en nuestra conexión con Dios.
Purim fue el día en que se confirmó la entrega de la Tora. Purim es nuestra oportunidad para llegar a ésta conexión suprema con Dios, que trasciende incluso los límites del intelecto y nos impulsa a niveles excelsos.

Aprovechemos esta oportunidad.

Purim sameaj!

Jonathan Berim
Twitter: @JonathanBerim

Los tres pilares del Espíritu Macabeo

En el siglo dos antes de la era común, el pueblo judío sufrió uno de los golpes más duros de su historia; cuya influencia negativa continúa hasta hoy en día.

Todo comenzó con la llegada del Imperio Griego de Alejandro Magno a la Tierra de Israel (año 3448 desde la creación del mundo). Fue un choque de culturas antagónicas. Los griegos con su politeísmo y teniendo al hombre como “la medida de todas las cosas” (Homo omnium rerum mensura est – Protágoras) y los judíos pregonando el monoteísmo y foco puesto en Dios.

Elazar ataca a elefante griego

La presión griega fue en aumento hasta llegar al reinado de Antiojus Epifanes, quién optó por la guerra abierta contra el judaísmo. Prohibió bajo pena de muerte el estudio de Torá, la realización del brit milá y el cumplimiento de shabat y las fiestas, principios básicos de la vida judía.

Por primera vez en la historia, los judíos como personas estaban a salvo y era el judaísmo quien estaba en peligro. Los judíos que acepten los decretos a expensas de abandonar su judaísmo, podrían vivir plácidamente bajo el gobierno griego. Quienes se aferren a sus valores, debían pasar a la clandestinidad arriesgando su vida.

Bajo este cruel dilema, muchos judíos se “helenisaron” (adoptaron la filosofía y forma de vida griega). Otros se refugiaron en cuevas sobre montañas para poder continuar viviendo como el judaísmo dicta. Un muy reducido grupo, los macabeos, no se conformaron con vivir a escondidas soportando la presión gubernamental y viendo asimilarse a sus hermanos. Fue entonces que tomaron las armas, se enfrentaron al Imperio más poderoso del momento y, con la ayuda de Dios, triunfaron.

¿Qué caracterizó a los macabeos y los diferenció del resto de los grupos? ¿De dónde provino su energía? ¿Por qué merecieron la ayuda Celestial? Vamos a resumirlo en tres puntos básicos, los tres pilares del ‘Espíritu Macabeo’.

Antes que nada: principios. Una vida sin principios, es una vida sin objetivos. Sin razón de ser. ¿Que quiero de mi vida? Los principios son el timón del barco de la vida, sin ellos navegamos sin rumbo, totalmente a la deriva.
Groucho Marx perpetuo la expresión humorística: “Estos son mis principios pero, si no les gustan, tengo otros”. Vivimos en un mundo que, influenciado por la cultura griega, hizo de dicha frase su filosofía de vida. Vemos políticos capaces de cambiar sus convicciones con tal de triunfar en las elecciones. Vemos empresarios dispuestos a cualquier cosa con tal de aumentar su margen de ganancias.

Algo que caracterizó a los Macabeos fueron sus principios. Fieles representantes de la forma de vida y el pensamiento judío. De hecho, eran descendientes de Cohén Gadol, la persona más elevada de la generación, encargada del servicio a Dios más sublime de todos.
Incluso al reclutar seguidores demostraban la importancia de los valores. No buscaban gente atlética ni estrategas militares. Una sola era la consigna: Quién está con Dios, que se una a nosotros.

El segundo punto: pasión. Tener ideales y no vivir de acuerdo a ellos es incluso peor que no tenerlos del todo.
Lamentablemente son muchos los ejemplos contrarios que vemos en la sociedad. Médicos oncólogos que fuman. Licenciados en nutrición que no cuidan su dieta. ¿Quién puede vivir en la hipocresía? ¿Quién puede dormir tranquilo cuando sus ideas contradicen sus acciones? Es algo contradictorio con la esencia de los macabeos y del pueblo judío.
Rab Noaj Weinberg ZT”L dijo: “Mientras no sepas porque estas dispuesto a morir, no has empezado a vivir”.

La verdadera intensidad y plenitud en la vida se logra y se siente cuando uno se apasiona por lograr sus objetivos. Y es esta también, la garantía de éxito (ver [1]).

El tercer y último punto: amor al prójimo. Como seres humanos, somos seres sociales. Vivimos rodeados de pares e interactúamos con ellos constantemente. Uno puede brindarse a los demás o esperar que los demás se brinden a uno. Ser abnegados o egoístas.

El mundo se construye con los primeros y es destruido por los segundos. Como dijo Hilel en el Talmud (Abot 1:14): “Si sólo me ocupo de mí, ¿qué soy?”. Quién quiere construir, debe pensar en el prójimo y brindarse a él. Lo macabeos podrían haber vivido como el segundo grupo, practicando su judaísmo en la clandestinidad. Pero no. No soportaron el sufrimiento de sus hermanos y, para liberarlos, entraron en una guerra imposible desde el punto de vista lógico.

Fue este espíritu el que identificó a los macabeos y los llevó a superar a los griegos. Pero fue sólo la primera batalla. Nosotros debemos levantar su estandarte, empaparnos de su ejemplo y seguir librando la lucha contra la cultura adversa que nos rodea.

Januca sameaj!

Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Notas
[1]- Ver artículo: “La escalera espiritual II”
Volver arriba

Información tóxica

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Tóxico
¿Tomarías clases con un docente de dudosa reputación moral? ¿Es posible disociar al emisor del mensaje que comunica? ¿Consumirías comida sin garantías sobre su buen estado pudiendo causarte algún daño? ¿Puede también la información dañar al receptor de la misma? ¿Da lo mismo acceder a una noticia por un medio u otro?

La producción de información crece de manera exponencial. Hace unos quince años, leí un dato curioso: “un solo ejemplar de la revista Times cuenta con más información que la que un ser humano promedio de la Edad Media, tenía acceso en toda su vida”. Una simple revista logra superar toda una vida! En este mundo “2.0″, de nuevas tecnologías y redes sociales, este dato ya es obsoleto. En segundos se producen cientos de millones de unidades de información. Los diarios se actualizan al instante y, gracias a las redes sociales y blogs, todos podemos ser reporteros, periodistas, y comunicadores. Pudiendo también ser los receptores de dicha información.

Por otro lado, vivimos en una sociedad en la que se aspira (o por lo menos se enaltece), la cultura y la ilustración de sus miembros. Como resumió Auguste Comte: “Saber es poder”. No hay nada de malo en informase y, más aún, debe hacerse sin ninguna clase de reparos. Es puramente positivo. Nos da “poder”.

Ahora bien, ¿qué clase de información se adquiere al leer una nota periodística? (leer es sólo un ejemplo, podría ser ver, escuchar, o cualquier forma receptiva). El periodismo teórico habla de descripciones certeras e imparciales de la realidad. ¿Puede esto materializarse? ¿Al leer las noticias, estamos realmente informándonos de lo que ocurrió o estamos siendo manipulados?

A lo largo de la historia, hubo grandes personajes encargados de transmitir mensajes. Un grupo de estos transmisores difundieron los comunicados Divinos a la humanidad. Quizás sean los primeros periodistas que se encuentran documentados. Ellos recibieron el nombre de neviim – profetas. Por lo general, eran personas de una refinación humana y cualidades excepcionales, justas y ejemplares. Pero nuestros sabios nos enseñan que sólo uno de ellos llegó a ser un comunicador como la teoría periodística lo dice. Una persona que logró, gracias a su humildad y devoción, anular por completo todo dejo de parcialidad y trasmitir el mensaje sin ningún tipo de interferencias. Este último fue Moshé Rabeinu. Su nivel profético es llamado aspaclaria meirá –visión diáfana; debido a la pureza de la transmisión del mensaje. Incluso personajes excelsos en sabiduría y cualidades humanas, de la talla de Shmuel, Irmiahu o Iejezkel (entre otros) quisieron pero no pudieron transmitir el mensaje Divino con tal pureza y exactitud (a pesar de ello, no se perdió la esencia del mismo, sólo se mezcló con la naturaleza humana de cada uno de ellos).

En el mejor de los casos, la noticia viene empapada de las opiniones de su autor, quién subconscientemente, vuelca su persona en su escrito. En otros casos, que son la mayoritarios, el autor lo hace adrede e incluye también la línea de pensamiento del medio de comunicación del que es parte.

Vemos entonces que, al acceder a una información, no estamos solamente permitiendo que se filtre en nosotros el contenido de la misma. Si no estamos atentos, también la forma de pensar y opiniones del autor entrarán en nuestra mente.

Entonces nuestra lectura debe ser mucho más puntillosa y activa. ¿El autor de la noticia tiene opiniones correctas? ¿Confío en él? ¿Quiero que sus opiniones influencien mi pensamiento? Al menos, ¿sé de quién es el autor?

Existe una ancestral costumbre entre los autores del pueblo judío de solicitar askamot recomendaciones de sabios reconocidos – para sus obras. Uno de los objetivos de las mismas es, justamente, saber cuán confiable es el autor y, en consecuencia, el contenido del texto que produjo.

Es correcto informarse pero necesitamos garantizar la verdad. Debemos activar nuestras defensas y aplicar nuestro pensamiento crítico. Para evitar que se acumule en nosotros una cantidad importante de esta información tóxica y termine creando una idea y opinión completamente tergiversada de la realidad, que afecte nuestra forma auténtica de ver las cosas.

La escalera espiritual II

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

En el artículo anterior hablamos de la relación entre el crecimiento espiritual y la escalera. Para continuar entendiendo dicho proceso, debemos comprender a qué clase de escalera nos referimos y cómo funciona la misma.

Escalera mecánica

Todos hemos visitado alguna vez un shopping o centro comercial (para algunos es algo esporádico, ante una necesidad, y para otros prácticamente ‘un segundo hogar’). En el mismo, desde la estética hasta la funcionalidad están enfocadas en un objetivo específico: aumentar las ventas. Y, como un piso no es suficiente (¿acaso algo es suficiente?) para distribuir todos los locales, suelen contar con varias plantas. Pero subir escaleras cansa y, como los dueños de los shoppings quieren que las energías se utilicen exclusivamente para comprar, instalan escaleras mecánicas que hacen el esfuerzo por nosotros y nos llevan a donde deseamos ir (o, mejor dicho, a donde desean que vayamos).

Dichas escaleras cuentan con tres estados: subiendo, bajando y fijo (apagado). Dependiendo de la necesidad, se elige la funcionalidad más óptima. Su base se encuentra en una plata inferior y su cabecera en la planta superior.

Nuestro crecimiento espiritual también se ejemplifica claramente con una escalera mecánica, muy parecida a la que mencionamos con unas ligeras modificaciones.
La base de la escalera se encuentra en en el punto espiritual más bajo posible (el nivel 50 de impureza [1]). La cabecera se encuentra en el nivel espiritual más alto posible (el nivel 50 de pureza [1]). Al nacer, somos colocados en un escalón de dicha escalera. Cual será dicho escalón depende de una compleja ecuación que incluye a nuestros padres, al entorno social y más variables [2]. Nuestro objetivo: subir todo lo que podamos.

A diferencia de la escalera del shopping, la escalera espiritual tiene sólo dos estados posibles: subiendo y bajando. En lugar de tener un tablero de control, cuenta con sensores de movimiento. Cuando nosotros subimos, la escalera sube y si bajamos o dejamos de movernos, baja.

Esto se basa en el principio de desde el Cielo ayudan a la persona a lograr los objetivos que se propone (Talmud Babli Makot 10: y Ioma 38:). Quien trabaja para superarse, Hashem acelera su subida. En cambio, quién no trabaja en superarse, cada vez está más abajo y desde el Cielo aceleran su descenso.

Sabiendo esto podemos comprender lo que dice Reish Lakish (Talmud Ierushalmi, Brajot 68.): “El hombre abandona a Dios un día y Dios lo abandona dos”. Es como dos personas que están juntas y parten en direcciones opuestas. Caminaron un día, pero se encuentran a dos días de distancia uno del otro. La persona bajo un escalón y a ese le sumamos el escalón que bajó la escalera de forma automática al notar su descenso; resulta que la persona se encuentra dos escalones más abajo. No se trata de una multa Celestial sino de una consecuencia directa de nuestros actos.

Pero ¿qué pasa con quién piensa que se mantuvo en su lugar? ¿por qué la escalera lo lleva hacia abajo? ¿No debería contar es sistema con un estado neutro?

Usemos al un alumno universitario como ejemplo. Cada semestre dicho alumnos debe aprobar materias para sumar créditos. Una vez alcanzado determinado número de créditos, termina su cursada y recibe su diploma. Imaginen que dicho alumno comenzó el ciclo lectivo con 80 créditos. Durante el año priorizó otras cosas en desmedro del estudio al que dejo completamente desatendido, lo que lo llevó a no aprobar ninguna materia. Al finalizar el año lo consulta un amigo sobre la cantidad de créditos que tiene y le informa orgulloso que tiene 80. “Pero si 80 tenías al comenzar el año!”, le responde su amigo. “Es verdad, no gané créditos nuevos, pero tampoco perdí ninguno”.

Para no perder no hacía falta cursar todo un año. Podría haberse tomado un año sabático y tampoco perdía créditos. Pero uno cursa para sumar y, si no sumó, perdió el tiempo!

Dicho tiempo, es el valor más preciado con el que contamos. Cada instante es único e irrepetible. No aprovechar un instante es derrocharlo. Quién termina el año con los mismos méritos con los que empezó, lo que hizo fue perder oportunidades de crecer. Se espera que la persona de 14 años, este más refinado, maduro y desarrollado que a los 13. A los 15, más que a los 14 y así para toda la vida. Es por eso que quien piensa que “se mantuvo” en la escalera espiritual ya que está cumpliendo los mismos preceptos y tiene las mismas cualidades que hace un año; a fin de cuentas, lo que hizo fue desperdiciar tiempo. Es por eso que la escalera lo hace bajar.

Estamos en vísperas de un nuevo Rosh Hashana, un nuevo juicio, un nuevo balance. Quiera Hashem que podamos salir airosos y recibir todo un año más de vida, un año más de tiempo para aprovecharlo y continuar subiendo en esta especial escalera.

Ktiva bejatima tova le shana tova umetuka – Que seamos bien inscriptos y sellados para un año bueno y dulce.

Notas
[1]- Ver artículo: “Sobre conceptos y definiciones” (próximamente) Volver arriba
[2]- Ver artículo: “El punto de partida” (próximamente) Volver arriba

La escalera espiritual I

¿Es posible crecer espiritualmente? ¿Cómo hace para lograrlo?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Escalera
Escalera

Desde los comienzos de la civilización, la humanidad buscó refugio de los factores climáticos. Así fue que empezó a aprovechar las cuevas de las montañas y otros recovecos. Luego surgieron las primeras chozas y tiendas de campaña. La evolución continuó con estructuras más solidas y aparecieron las primeras casas para dar lugar, luego, a construcciones más altas.

El gran problema para poder aprovechar el espacio aéreo fue la forma de acceder. Uno puede subir algunos centímetros de un salto pero una distancia mayor se hace muy difícil. Es ahí que surge unos de los inventos más maravillosos de la historia humana: la escalera. Basada en el principio de ‘Divide y vencerás’ (cuya aparición histórica, de hecho, es bastante posterior), logró permitir a las personas ascender a alturas insospechadas. Esto se logra de una manera sencilla: es imposible para las personas subir de un salto una distancia de 3 metros de altura. Sin embargo, subir 30 cm. se encuentra dentro de las posibilidades de la mayoría. Lo que la escalera hace es justamente eso: particiona dicha subida en pequeños ‘saltos’.

Fue así que se dió comienzo a la construcción de nuevas y mucho más estructuras muchas más ambiciosas y útiles.

Pero también está tecnología encontró un límite: el cansancio. Requiere un gran estado físico alcanzar los pisos más altos. Pero lo analizaremos la próxima.

Esta sutil estrategia es clave en la vida de cada uno de nosotros. Muchas veces nos enfrentamos con problemas abrumadoramente grandes. Ante tales dificultades, solemos darnos por vencidos sin siquiera intentar encararlos.
Tenemos que poder dividirlos en problemas más pequeños y resolverlos uno a uno. Al cabo de un tiempo y, probablemente casi sin darnos cuenta, habremos logrado una gran hazaña.

Este es el secreto para triunfar en el juicio de Rosh Hashaná y en la vida en general. Abarcar mucho nunca es bueno. No es efectivo y lleva al rápido abandono. Debemos enfocarnos en algo puntual y realizable; al superarlo, buscaremos nuevas metas.

Como ocurrió con Akiva, el pastor, cuando vió una roca perforada en el lugar donde goteaba un fino hilo de agua. La roca es mucho más dura y resistente que las gotas de agua. Pero la perseverancia del golpear de dichas gotas, lograron perforar la piedra. El se aferró a esta idea y llegó a ser el gran maestro y líder del pueblo de Israel, Rabí Akiva.

La clave del éxito está en la constancia.

Quiera Hashem que podamos aplicar esta estrategia y tener un nuevo año lleno de proyectos y realizaciones, dicha y felicidad.

Que seamos inscriptos y sellados para un año bueno y dulce.

Continuación: La escalera espiritual II

Lágrimas injustas

Si Dios es justo, ¿como puede ser que castigue a los hijos por los errores de los padres? ¿Cómo puede ser que, generación tras generación, tengamos que sufrir en Tishá beAv, por el error cometido por la generación del desierto, hace mas de tres milenios?

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

En el segundo año de la salida del pueblo de Israel de Egipto, llegaron a los límites de la Tierra Prometida. Estando al borde de culminar su épica travesía y contando con la garantía de éxito que Di-s mismo les había dado, le piden igualmente a Moshe mandar hombres a espiar la Tierra.
Formaron un grupo de doce líderes y les encomendaron la misión. Luego de 40 días, en día nueve del mes de Av, traen un desalentador reporte y el pueblo se desmorona; se quiebran en llanto y desesperanza.
Como esa generación lloró sin motivo; Di-s decreta que en ese día, a lo largo de la historia, le dará al pueblo judío motivos para llorar (Taanit 29a).

Sabemos que Di-s es justo y bueno. Entonces: ¿Cómo puede ser que castigue a los hijos por los errores de los padres? ¿Cómo puede ser que, generación tras generación, tengamos que sufrir en este día, por el error cometido por la generación del desierto, hace mas de tres milenios?

Existe en Japón una costumbre que está muy “de moda”. Consiste en contratar a un doble para que cumpla por uno una condena penal. Esto es una clara evasión de la justicia. No es el responsable, el que es castigado por su accionar sino un inocente. Una gran injusticia. Algo posible entre seres humanos pero que no debería ser viable en lo que a Di-s respecta.
Entonces: ¿cómo se entiende?

El Talmud (Sanhedrin 27b) formula esta pregunta y desarrolla su respuesta. Nadie es castigado por las transgresiones de otro. Lo que sí puede ocurrir, es que, sólo si los hijos reinciden en los errores de sus padres, son castigados por sus errores y por los de sus antecesores (ya que no les sirvieron como ejemplo para aprender la lección).

Toda generación en la que el Beit Hamikdash no es reconstruido, es porque continúan las acciones que llevaron a su destrucción (Iomá 9b).
Es así que el duelo y los sufrimientos que seguimos padeciendo, se debe a nuestras propias faltas.

Quiera Di-s que podamos realizar la reflexión adecuada, corregir nuestras conductas y pronto no necesitar más de las costumbres de duelo y que el nueve de Av se convierta en un día festivo.

Escala de Valores

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Llegando al final de la travesía de los cuarenta años por el desierto, estando acampados los iehudim en la margen oriental del Iardén (Jordán), nos relata la Torá un pedido muy particular (Bamidbar, Capítulo 32).

Las tribus de Reuvén y Gad tenían cantidad imponentes de cabezas de ganado y vieron con buenos ojos la idea de ocupar las tierras de Iazer y Guilad. Estos terrenos fueron conquistados muy poco tiempo atrás, eran parte de los reinos de Sijón y Og, y poseían cualidades especiales para la ganadería. Fue así que los miembros de estas dos tribus se acercaron a Moshé, Eleazar, Cohen Gadol, y los líderes de la generación para pedirles permanecer en estas tierras.

Moshé, entendiendo que querían eximirse de participar en las batallas para la conquista de la Tierra, los recrimina y ellos replican que: “Construiremos establos para nuestros animales y ciudades para nuestros niños; luego, cruzaremos nosotros“. O sea: garantizaremos la protección de nuestro ganado y de nuestros hijos en los territorios recién conquistados y, luego, cumpliremos nuestro deber yendo a la guerra con nuestros hermanos, a la vanguardia del ejército.

Rash”i, el principal comentarista, de la Torá, hace en este diálogo una aclaración muy interesante. Destaca cómo en el pedido, antepusieron la seguridad y el bienestar de sus rebaños a la de sus propios hijos. Es por eso que Moshé, al aprobar su idea, los primero que hace es corregir el orden y, por lo tanto, la importancia que se les da a las cosas: “Primero construyan ciudades para sus hijos y, recién luego, establos para los rebaños”.

Este breve comentario de Rash”i nos enseña algo transcendental para la vida. Cada decisión que tomamos es el reflejo de nuestra escala de valores interna.

Si optamos por proteger al ganado (léase auto, ahorros, ropa, cualquier bien material), antes que a los hijos (parte de los bienes trascendentes e importantes de la persona); algo está fallando.

Esto se puede aplicar a cualquier elección cotidiana de la vida. Todo se puede leer profundamente en una lucha de prioridades. Qué importa realmente más para uno. Teniendo delante la posibilidad de ayudar al prójimo necesitado que nos pide una ayuda para comer y la usar esa plata para comprarnos una golosina en el quisco (adaptando el ejemplo a la edad y las circunstancias); estamos haciendo mucho más que la elección entre ambas. Estamos concretando en un hecho la escala de valores interna que cada uno desarrolla a diario. En esa escala, ¿está primero ayudar al necesitado o el placer personal?

Suena el despertador. Uno se debate entre levantarse al frío de la mañana o seguir durmiendo calentito en la cama. La decisión dependerá, nuevamente, de nuestra escala de valores. ¿Tiene más relevancia para nosotros el cumplimiento de nuestras obligaciones o el placer de dormir un rato más?

Elección de pareja. Continuar con la relación actual, sobre la que ambos estamos convencidos de que “no lleva a ninguna parte” debido a las grandes incompatibilidades que nos separan (de la índole que sea) o “cortamos por lo sano”. ¿Cuál es el trasfondo? Eligir entre el disfrute intrascendente actual o una relación firme y duradera que lleve a ambos participantes al crecimiento autentico y desarrollo conjunto. Encima, cada momento de indecisión (justamente por la falta de claridad en la escala de valores), es muy perjudicial para ambos.

Dice el Rab Dessler que son muchos los que sufren con cada momento de soledad que tienen. ¿Por qué? Porque estando solo uno está consigo mismo, se analiza, se mejora. Pero para hacer esto se tiene que querer. Muchos prefieren ‘seguir avanzando’ como hasta ahora (sin importarles a donde están yendo), a ‘sacar el pie del acelerador’, reflexionar y encontrarse con uno mismo.

No es algo que otro pueda hacer por nosotros. Tener un plan definido, un rumbo en la vida y, por consiguiente, una escala de valores adecuada (que permite ver las cosas con la óptica correcta y tomar las decisiones adecuadas); es un gran paso en nuestro trabajo individual en pos del objetivo de ser, cada día, mejores personas.

Un servicio extraño II

por Jonathan Berim (Twitter: @JonathanBerim)

Es una delgada línea la que separa el servicio divino del culto ajeno –Avodá Zará-. Como dijimos en la primera parte, todas nuestras buenas acciones son el cuerpo y su intención intrínseca es el alma, la fuente de energía de las mismas. Un cuerpo sin alma no tiene razón de ser. Una acción encomendada por Di-s, incluso con nuestras mejores intenciones, sin su respectivo complemento intelectual puede derivar en un error de los más graves.

Tenemos un claro ejemplo en esta semana, en el ayuno del 17 de Tamuz. Dice el versículo sobre la gente de la cuidad de Ninvé (a la cual fue enviado el profeta Ioná para enderezar el camino de los habitantes de la misma) “y Di-s vio sus actos”. Enseñan nuestros sabios al respecto que no está escrito que Di-s vio “Su ayuno y ropa de arpillera” sino “Sus actos”, porque el ayuno no es más que un medio para la Teshubá – el retorno a Di-s. Quedarse solo con el ayuno es perder el rumbo que el judaísmo marca. Como venimos diciendo, uno está practicando lo que cree que dicta el judaísmo, pero en la realidad no es así.

Existe el precepto conocido por todos de tocar el Shofar en Rosh HaShaná (y durante el mes de Elul para los Ashkenazim). Sabiendo qué simboliza y cuál es su objetivo puede refinarnos espiritualmente y despertar nuestro retorno íntegro a Di-s; pero, sin contenido, pasa a ser un sonido más de los escuchados durante el día, sin diferencia alguna entre el mismo y la bocina de un automóvil en la calle. No hace falta reiterar la gravedad de quien, aparte de lo ya mencionado, cree que el Shofar mismo tiene una fuerza propia para lograr nuestro retorno hacia Di-s.

Esto puede compararse con la famosa parábola del campesino que tuvo que ir a la gran ciudad. Estando en las calles de la misma vio como se desataba un gran incendio en una residencia. Inmediatamente comenzaron a chillar sirenas y en pocos instantes apareció una dotación de bomberos que apagó el fuego. De vuelta en su pueblo, quiso mostrar la novedad aprendida. Reunió a todos frente al granero y lo prendió fuego. La gente comenzó a desesperarse y el hombre, muy tranquilo, sacó su campanilla recién adquirida y, lleno de orgullo, la hizo repicar esperando la aparición de los bomberos. El pobre hombre y todo el pueblo debieron sufrir la perdida de toda su cosecha.

Pueden nuestras intenciones ser de lo mejor, pero nuestra ignorancia nos lleva a convertir una acción completamente meritoria en una importante falta.

Existe otro grave error que también se centra en atribuir poderes especiales a seres humanos (que no es distinto de atribuírselos a un material inerte como las estatuas de la antigüedad). Muchos recurrimos alguna vez a algún sabio para recibir una bendición o a la tumba de algún justo para rezar allí. Vimos en la Perashá de Shelaj Lejá que Kalev se separó del resto de los espías, que mandó Moshé a explorar la tierra de Israel, y fue a la antigua ciudad de Jebrón. Explica la Guemará (Sotá 34b) que fue hasta allí para volcarse sobre las tumbas de los patriarcas y les dijo a ellos: “padres míos, pidan piedad sobre mí para que sea salvado del plan [del resto de] los espías”. No les dijo que lo hagan, sino que pidan a Di-s por él. No debe nunca la persona atribuir a la persona que lo bendice o al difunto al que le reza algún poder sobrenatural de modificar la realidad.

No existe nada ni nadie fuera de Di-s que pueda alterar la realidad. Entonces, ¿por qué se recurre a justos para que nos bendigan o se reza en la tumba de algún hombre recto? Como estas personas lograron en su vida crecer espiritualmente y acercarse más a Di-s viviendo de acuerdo a sus mandatos (objetivo que todo ser humano debe perseguir en vida), estar en su cercanía se convierte en una fuente de inspiración. El aprender de su ejemplo nos permite continuar creciendo. Y este progreso, a su vez, nos ayudar a aumentar nuestros méritos y ser escuchados.

Continuará …